Cuando el cambio que deseas no llega

Si llevas un tiempo conociéndote a ti misma, puede que hayas observado que no todos los cambios suceden de un día para otro. A veces, hay que esperar.

Recuerdo que, cuando me inicié en el autoconocimiento a raíz de mis crisis de pánico, soñaba con el día en el que todo estaría bien y, por fin, podría ser feliz.

Hace 8 años de esto y ese momento todavía no ha llegado.

¿Significa esta afirmación que no he sido feliz en los últimos años? Al contrario, a pesar de las dificultades, me he sentido mejor que antes.

Tal como lo entiendo, el autoconocimiento se va sucediendo por etapas. Desde dentro, parece que todo es desordenado pero, cuando lo ves con la perspectiva del tiempo, puedes observar que has ido tratando “temas” a medida que has evolucionado.

En mi caso, las etapas fueron así:

  • Aprendí a gestionar mis ataques de ansiedad.
  • Traté la relación con papi, el hombre que me cuidó como a una hija, a pesar de no ser mi padre biológico.
  • Luego curé la herida por la falta de mi padre.
  • A partir de ahí, empezó la búsqueda de un trabajo que me llenara.
  • Y un largo etcétera de “temas” hasta llegar a los últimos que he atendido con más intensidad: la abundancia y el amor hacia todos los seres.

Estos asuntos, en ocasiones, se han ido mezclando unos con otros. No obstante, han seguido cierto orden lógico.

Tal como le cuento a mis clientas de terapia, somos como una cebolla. Vamos descubriendo capas, cada vez más profundas, hasta llegar a nuestro interior.

Y todo aquello que aparece es porque estamos preparadas para afrontarlo.

Si yo no hubiera sanado la relación con mis padres, no habría podido extender el amor incondicional hacia todos los seres, porque ellos no habrían estado incluidos en la ecuación.

Por ejemplo, quizá sueñas con aumentar tu autoestima y seguridad en ti misma. Anhelas que llegue ese momento y te apuntas a cursos o vas a terapia para ello. No te quedas parada. Lo deseas con tanta fuerza que querrías dejar de maltratarte ahora mismo. Sabes que no puedes.

Pero es en esta espera donde se encuentra lo principal que quiero tratar en este artículo: cómo sostener el proceso a lo largo de los días.

¿Cómo seguir viviendo tu vida mientras hay algo que te fastidia?

La respuesta es simple, pero difícil de aceptar: viviendo la espera.

Solo tienes que seguir en el camino, avanzando pasito a paso, retrocediendo a veces. Aunque haya dolor o sufrimiento; aunque prefieras estar en otro lugar.

Cuando vives el proceso, te rindes a él, dejas de luchar. Así, puedes rendirte a la vida (o al universo, o a ti, o a dios, o como quieras llamarlo), sin tratar de controlarla.

Porque cuando te rindes y dejas de controlar todo es más fácil. De eso hablan la ecuanimidad y la impermanencia.

Además, si no luchas contra el proceso, aparecen 2 grades aliados: los obstáculos y las sorpresas.

Los obstáculos son aquellas cuestiones que tienes que aprender para convertirte en la persona que quieres ser. Sin los obstáculos, no puedes llegar al siguiente nivel de consciencia donde una herida está comprendida o sanada.

Imagina una niña que está aprendiendo a caminar. Antes de avanzar, necesita ponerse en pie. Necesita superar ese pequeño obstáculo en su aprendizaje. Pero es imprescindible para alcanzar el resultado que persigue.

De aquí surge una reflexión: ¿qué es lo que a día de hoy te impide llegar a tu objetivo? ¿Qué puedes aprender de ello? Vamos, escríbelo.

Cuando ves la vida desde el aprendizaje, es mucho más sosegada.

Por otro lado, las sorpresas son aquellas circunstancias que se nos presentan en nuestro camino evolutivo o proceso de cambio que nos hacen girar el rumbo.

Te voy a poner un ejemplo personal.

Muy al inicio de querer reinventarme profesionalmente, me planteé volver a la universidad para cursar Humanidades o Teoría de la Literatura.

Un día, hablando con mi profesora de danzaterapia, le conté que quería volver a estudiar “algo”, pero que no estaba segura. Fue ahí cuando me contó que, en unos meses, ella iba a organizar una formación en danza movimiento terapia.

Lo pensé un par de días, sentí las ganas en mí y me dije: esta es la formación que estaba buscando.

Fíjate qué sorpresa me dio la vida. Yo creía que me encantaban las Humanidades. Al final, he acabado creando un empleo apasionante como nunca hubiera imaginado.

Y todo porque me dejé llevar por lo que no estaba en mis planes.

En conclusión, soy consciente de que es difícil vivir un proceso de cambio. Yo misma estoy en uno ahora mismo a nivel profesional y te aseguro que anhelo ese “día mágico.”

Habrá días en los que te vas a desesperar, en los que creerás que nunca lo vas a conseguir, o te enfadarás, o entristecerás. Son parte del proceso. Son útiles porque te revelan una parte de tu aprendizaje.

A la vez, tendrás días con más esperanza. Cuando estén, no los dejes pasar. Ábrete, abre tu cuerpo a la serenidad de la confianza en tu proceso. Disfruta de esos momentos y hazlos tuyos para cuando te flaqueen las fuerzas.

La vida es un viaje. Tiene momentos fáciles y otros difíciles, pero todos son importantes para llegar al final.

Por lo tanto, ríndete a la vida, deja de luchar, aprende de los obstáculos, y maravíllate con las sorpresas.

Ahora cuéntame. ¿Cómo llevas el cambio en tu vida? ¿Te cuesta esperar a que llegue? ¿O consigues evolucionar rápidamente?

 

4 comentarios
  1. Veronica
    Veronica Dice:

    Quiero recuperarme de un ictus y siento que no soy digna de hacer nada hasta que me recupere… lo cual podría llevar años!

    Responder
    • Núria
      Núria Dice:

      Hola, Verónica

      Comprendo esa sensación de que te cuesta hacer muchas cosas, ya que la recuperación de un ictus es larga. Para contrarestar esa sensación, quizá sería interesante fijarte en lo que SÍ puedes hacer, en las pequeñas victorias que vas ganando. Por ejemplo, si hace unos meses no podías coger un vaso para beber agua y ahora sí, eso es algo para celebrar y agradecer. Son tus pequeñas victorias diarias las que van construyendo tu camino.
      Mucho ánimo. Te abrazo.

      Responder
  2. Paulina
    Paulina Dice:

    Se me ha hecho eterno el tiempo, han pasado tres meses en este estado, tratando de recuperarme de una regida de ansiedad. A veces solo quiero que llegue la noche para dormir y así no sentir nada.

    Responder
    • Núria
      Núria Dice:

      Hola, Paulina
      Sí, es normal en los estados de ansiedad contínua, tratar de anestesiarse para no sentir nada. Sin embargo, con eso lo que se consigue es empeorar la situación.
      Si la ansiedad está en ti es porque tiene un mensaje que darte, hay algo que no está funcionando y necesita que ser escuchado, no acallado.
      Para ello, es importante que hagas ejercicios de autoconocimiento y mucha escucha interior. Los ejercicios de terapia de movimiento o de escritura que planteo en esta web, te ayudarán a ello.
      Te abrazo.

      Responder

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