Para curar tu dolor, sé coherente

¿Es algo habitual en tu vida encontrarte ante una decisión por tomar y pensar una cosa, sentir otra y hacer quizá otra?

¿Es normal para ti no saber qué parte de ti escuchar o atender, y qué parte ignorar?

No te pasa nada raro. Es una constante en nuestra sociedad, dado que estamos condicionados por mil “normas” de corrección y no nos prepararon para escucharnos a nosotros mismos. Para distinguir nuestra voz esencial, de nuestro yo condicionado.

Yo, por ejemplo, vivía así. Encerrada en mi propia “cárcel”, por expresarlo de algún modo. Y no fue hasta que empecé a cargarme algunos de mis propios tabúes, que mi estado de salud dio un giro asombroso. Te lo contaré un poco más adelante.

Así pues… ¿Crees que vivir así no se cobra un precio?

El desgaste exacerbado de energía que implica tener una discusión implacable y constante en tu cabeza y deseos encontrados, tiene una repercusión (una muy significativa, además) en tu salud física.

El estado físico y emocional van de la mano.

Tu estado físico tiene repercusiones en tu estado emocional. Eso es evidente. Si te duele mucho la espalda, por ejemplo, eso te mantendrá tensa, irritable, con dificultades de concentración… Y, como además te limitará en algunas de tus actividades, te generará cierto nivel de frustración, dependiendo del caso.

Lo que nos puede resultar a menudo menos evidente es el mismo proceso a la inversa. Tus estados internos, tienen repercusión a nivel físico. Puede, por ejemplo, que ese dolor de espalda se generara a partir de una tensión sostenida por una situación estresante.

Somos un todo y nuestros aspectos mental, emocional, físico, e incluso espiritual, se afectan uno a otro. Es hora de empezar a contemplarnos como el conjunto que somos, si queremos tener resultados de verdad en nuestro bienestar.

Hoy en concreto, voy a hablarte acerca de la necesidad de empezar a vivir con más coherencia y generar mayor equilibrio interno, si quieres una salud integral sólida.

El impacto de las emociones en tu cuerpo

El impacto de las emociones y los conflictos internos sin resolver en nuestra salud, está demostrado por la medicina psicosomática.

Existen diferentes autores que han estudiado a lo largo de la historia, la relación entre el cuerpo y los procesos internos (pensamientos y emoción).

Por ejemplo, el físico científico y metafísico Gregg Braden postula que, cuándo tenemos una emoción en nuestro corazón, estamos creando ondas eléctricas y magnéticas dentro de nuestro cuerpo. Eso tiene un efecto en nuestro cuerpo, incluso más allá de él a través de un campo que lo conecta todo.

Es un proceso energético y sutil que normalmente se escapa de la mente (lógica y lineal) del hombre y de la medicina occidental.

Por otro lado, el doctor Joe Dispenza apoya la importancia de cultivar en el día a día emociones como el amor o el agradecimiento para no vivir desde el estrés (con el efecto nocivo que éste tiene en nuestro organismo).

Propone, por lo contrario, aprender a generar en nosotros mismos emociones que alteren al bioquímica de nuestro cuerpo a nuestro favor, favoreciendo así la proliferación de hormonas que refuercen el sistema inmunitario.

En conclusión, estar en coherencia emocional permite estar en paz, reducir el estrés y vivir la propia vida de forma libre y auténtica (aunque esto no significa que sea perfecta).

Lo ideal es alinear al máximo lo que piensas, sientes, dices y haces.

Ahora, el siguiente paso es concretar un poco más qué es exactamente ser coherente y cómo hacerlo.

Estás siendo incoherente cuando “te traicionas” a ti misma

No dudes de que hay hábitos en tu vida que se convierten en un sumidero por el que se esfuman tus fuerzas, aunque te parezca que haces lo normal o lo correcto. Me estoy refiriendo a cosas tan habituales como:

  • Ir a una fiesta porque “no puedes decir que no”.
  • Hacer un regalo que no te va bien hacer o no te apetece, porque es lo que corresponde.
  • Cuidar de un familiar al que detestas porque es “tu obligación”.
  • Vestir de un modo con el que no te identificas para encajar en algún entorno.

La lista podría ser interminable, pero creo que ya me has entendido.

Te he puesto ejemplos bastante cotidianos. Si embargo, también ocurre que desatendemos nuestras verdaderas necesidades a favor de condicionamientos sociales varios y normalmente inconscientes, en decisiones aún más trascendentes, que marcan nuestra vida. Por ejemplo:

  • La persona de la que nos permitimos enamorarnos.
  • La profesión que nos obligamos a elegir.
  • Un sueño que abandonamos para no defraudar a alguien…

No sé en qué medida te identificas con esto. Espero que no sea en los casos más extremos.

No obstante, te animo a reflexionar a fondo, porque muchos de nuestros miedos, condicionamientos y creencias limitantes, son inconscientes, así que creemos que tomamos nuestras elecciones libremente, y no es así.

Estamos tan acostumbradas a guiarnos por nuestras creencias heredadas, que no acostumbramos a cuestionarlas.

Y yo te invito a hacerlo, porque así tendrás la oportunidad de desecharlas o elegirlas de nuevo. Y, por lo tanto, de ganar en libertad.

Una “vara de medir” que te puede servir para localizar aquellas decisiones a través de las cuales te traicionas es tu equilibrio interno y externo.

Estas preguntas te pueden servir para descubrirlo. Puedes hacértelas cuando estés a punto de tomar una decisión:

  • ¿Esta opción me acerca a la persona que yo quiero ser?
  • ¿Estaría yo desplegando mi máximo potencial a través de esta decisión?
  • ¿Cuando pienso en esta opción, mi cuerpo se relaja o se tensa?
  • ¿Tomo este camino por mí, obedeciendo a lo que yo siento?
  • ¿Esta alternativa me llena de energía y vigor? ¿Tengo ganas de empezar cuánto antes?
  • ¿Me lleva esto a superarme, a traspasar en alguna medida mis miedos y limitaciones?

La idea es volver la atención a tu sabiduría interna y desoír un poco los “programas mentales” habituales que se activan por inercia y que a menudo te esclavizan y te mantienen estancada en una situación que no te hace bien.

Cómo yo aprendí a ser coherente

Ahora te voy a contar muy brevemente mi caso.

Yo me curé de una enfermedad considerada crónica (Espondilitis anquilosante) a través de tomar unas cuantas decisiones coherentes.

Evidentemente, dicho así suena muy simplista, y no lo fue. Pero, para resumir, te diré que llevaba tiempo tomando consciencia y aprendiendo sobre la importancia de las emociones en la salud e hice trabajo personal y algunos cambios de hábitos.

Mejoré un poco en mi bienestar general, pero lo cierto es que los brotes de la enfermedad seguían visitándome de forma periódica y me limitaban mucho.

Entonces, ocurrió algo. Viví una crisis personal muy fuerte que me afectó en muchos aspectos. También tuve un brote muy intenso de espondilitis que me dejó en cama varias semanas. Toqué fondo y tomé mi primera gran decisión coherente: me comprometí al 100% a ponerme a mí misma en primerísimo lugar en mi vida.

Si realmente era cierto que detrás de mi enfermedad había un profundo conflicto sin resolver, llegaría al fondo de la cuestión.

Me ayudé de una breve terapia en biodescodificación para entender qué conflictos concretos eran los que se asociaban con esta enfermedad. Y luego me sinceré al máximo conmigo misma para averiguar de qué manera exactamente yo vivía esos conflictos. Detecté varias cosas y me puse en marcha.

Tomé, para empezar una primera decisión que en su momento parecía bastante radical, y después de esa, otra. Y así sucesivamente.

Me resolví a ser muy honesta conmigo, no engañarme para tirar por el camino más fácil, y tomar decisiones coherentes en base a lo que descubría. Aunque me incomodaran muchísimo, me dieran miedo o rompieran con la persona que yo creía ser hasta entonces. Quebranté incluso algunas de mis propias normas morales.

Resumiendo, mi vida cambió mucho en muy poco tiempo y empecé a encontrarme mejor físicamente casi de inmediato y de forma ascendente.

Actualmente, casi cuatro años después, puedo decir que vivo a diario sin el dolor que antes me perseguía y me considero curada.

De hecho, doy gracias a la enfermedad porque me mostró aquello que yo no quería mirar de mí misma, y pude sanarlo. Desde dentro y hacia fuera.

Lo que yo te propongo

Mi propuesta para ti hoy es que priorices de una vez por todas tu bienestar interno, si valoras tu salud. Que te comprometas del todo contigo misma y estés dispuesta a conocerte cada vez un poco más, para poder vivir de forma gradual más acorde con quién en verdad eres.

Se necesita entrenar la mente para mirar hacia adentro y autoobsevarse. Dejar de buscar fuera de ti las causas de tu malestar y sus soluciones.

Se requiere, además, altas dosis de coraje para mirar en aquellos rincones oscuros de ti misma sin miedo y sin juicios. También para, posteriormente, obrar en consecuencia de lo que descubres de ti misma.

Por ejemplo, si descubres que realmente lo que te ata a tu pareja actual ya es más la comodidad y miedo a la soledad que amor o afinidad, el siguiente paso es tomar la decisión de zanjar esa relación. A pesar de los miedos, las dudas y la nostalgia de lo que fue.

Que observes con detenimiento las decisiones que tomas y si hay en ellas algunas contradicciones. En ese caso, te sinceres al máximo contigo para esclarecer cuál es tu propia voz de entre el parloteo de tus miedos y prejuicios. Y luego, te atrevas a escucharla y seguirla.

Algo que te ayudará y puedes empezar a hacer ahora mismo, es realizar un trabajo de reflexión profunda y sincera para ordenar tus valores y prioridades. Si tienes claridad en cuánto a esto, te será mucho más fácil detectar esa parte más auténtica de ti a la hora de tomar una decisión. Te darás cuenta más fácilmente de las creencias que te están frenando y autosaboteando.

Para esto, te he preparado un regalo: una plantilla rellenable para redactar tu propio Manifiesto Personal donde hacer esta tarea de autoindagación. Harás descubrimientos muy liberadores, estoy segura.

También podrás acceder a mis otros recursos gratuitos, todos ellos para aprender a escucharte a ti misma y tomar decisiones que respeten el ser que eres.

Ha llegado el momento de vaciar tu mente de la basura mental que te distrae y te aleja de tu potencial y de la posibilidad de vivir tu propia vida de forma auténtica.

Y, ya para acabar, me encantaría que me cuentes a través de los comentarios si has logrado detectar (leyendo esto o en general) algún modo en el que te traicionas a ti misma.

Algún hábito o modo de entablar relaciones, por ejemplo, que siempre has tenido asumido como parte de tu “personalidad” y empiezas a darte cuenta de que te hace daño. Tomar consciencia de ello y plasmarlo por escrito es un muy buen comienzo para ir desactivando inercias.

Y estaré encantada de darte mi réplica… ¡Así que te espero!

Cristina Hortal

Soy experta en Autoconocimiento y Conciencia.
Acompaño a personas en la toma de decisiones conscientes y valientes para que puedan guiar su vida hacia una coherencia mayor.
Autora de este blog y de tres libros de temática afín.

2 comentarios
  1. Cristina Hortal
    Cristina Hortal Dice:

    Hola Nelly
    Gracias por tu comentario.
    Sí, es una constante en la vida de todos. En mayor o menor medida.
    ¿Sabes lo que me parece un muy bien indicador? ¡Que te des cuenta! Es un gran paso aunque ahora no lo sientas así.
    A menudo, nos traicionamos y nos pensamos que lo que hacemos es lo normal o correcto. Y achacamos nuestro malestar a factores externos.
    Adelante y fuerza. Un abrazo.

    Responder

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