7 consecuencias de vivir con el cuerpo tenso y dolorido

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Cuando te duele el cuerpo es un fastidio. Toda tu vida se ve afectada. Incluso las actividades más simples pueden convertirse en una odisea imposible de llevar a cabo. Como te expliqué la semana pasada, es importante escuchar el dolor, la tensión y el malestar, ya que tienen un mensaje que darnos. Si nuestro cuerpo se queja, es porque tiene algo que decirnos.

Sin embargo, reconozco que a veces da pereza adentrarse en él y remover el malestar, tanto el físico como el emocional. Por eso, quiero explicarte las consecuencias que puede traerte hacer oídos sordos a sus señales.

1. El dolor que no atiendes, se convertirá en algo peor

Si reparas a tiempo al malestar, podrás darte aquello que necesitas. Si no lo haces, la exigencia tendrá que ser más fuerte.

Te voy a dar un ejemplo que me sucedió hace un año, cuando estaba preparando el lanzamiento de esta web. Llevaba muchos días sintiendo que el cuerpo me pedía descansar. Pero tenía una lista interminable de cosas por hacer, así que me pasaba el tiempo de ocio trabajando y quitando horas al sueño. No quería parar, porque descansar significaba no llegar a mi objetivo (eso es lo que yo creía).

Seguí así hasta que un día me subió la fiebre y empecé a sentirme como si hubiera cogido la gripe. Tuve que dormir casi 24 horas para restablecerme. Si hubiera descansado cada día un poco, es probable que no me hubiera enfermado.

2. Tienes problemas para gestionar tus emociones

Todas las enfermedades tienen un componente emocional que, en definitiva, es lo que debemos buscar cuando nos proponemos escuchar el mensaje tras el dolor, la tensión o el malestar. Cuando no lo hacemos, esas emociones buscan otros caminos.

Un familiar mío llevaba mucho tiempo con dolor de muelas. Se le había infectado la muela del juicio y estaba tomando calmantes mientras esperaba que lo operaran. Cuando todo había pasado, se dio cuenta de que la espera estuvo cargada de rabia. Pasó los días saltando de un enfado a otro por tonterías sin demasiada importancia. Quizá si hubiera atendido a su enfado original, aquel que “se había enquistado” dentro de él, podría haber evitado todos los demás.

3. No disfrutas de la vida

Si el dolor es fuerte, no puedes evitar su omnipresencia. ¿Te ha pasado alguna vez que estabas en una actividad placentera y no has podido saborearla por algún tipo de malestar? A mí sí, muchas veces.

Me encanta viajar y conocer lugares nuevos. No obstante, alejarme de mis costumbres cotidianas y rutinas me produce cierta ansiedad basada en el miedo. En mi cuerpo, esto se traduce en molestias estomacales. Así, puedo estar visitando los maravillosos bosques de la Selva Negra y estar fastidiada por dolor en la tripa.

4. El dolor te impide hacer ciertas actividades

Este punto está relacionado, en parte, con el anterior. Cuando sientes malestar, te ves obligada a eliminar ciertas tareas de tu rutina, ya sean tus quehaceres diarios o tus actividades de ocio.

Si te gusta salir a correr, no podrás hacerlo con un ataque de ciática. Si te levantas con migraña, es posible que no te apetezca ir a comer con tus amigas (y, si vas, no lo disfrutarás tanto). Si sientes calambres menstruales, es posible que no quieras llevar a tus criaturas de paseo.

Imagina que la tensión se mantiene en el tiempo. ¿Cuántas cosas estás dispuesta a perderte por ella?

5. Los medicamentos pueden dejar de hacerte efecto

Si acostumbras a tomar algún medicamento para aliviar el dolor, es posible que tu cuerpo acabe acostumbrándose a esa dosis. Si eso ocurre, tendrás que aumentar la cantidad o bien tomar un medicamento mucho más agresivo.

El problema es que las medicinas químicas van asociadas a efectos secundarios. Por ejemplo los antibióticos matan la flora bacteriana que habita en los intestinos y es necesaria para asimilar los nutrientes de la comida. Cuanto mayor sea la dosis o más potente el medicamento, es posible que los efectos secundarios sean más frecuentes y habituales.

6. El dolor y la tensión pueden llegar a extenderse y afectar cada vez a más áreas de tu cuerpo

Una tensión localizada en una zona, puede afectar a los órganos o músculos cercanos; porque una tensión no atendida, se va haciendo más grande, ya sea en intensidad o en localización.

Por ejemplo, si tienes una contractura en las lumbares durante mucho tiempo, puedes acabar desarrollando una infección de orina. Las contracturas hacen que los músculos queden tensos, de forma que el flujo de sangre se hace más lento o se detiene. De esta forma, se crean grupos de deshechos que no pueden ser filtrados correctamente por los riñones y acabar causando, así, una infección de orina.

7. Tu postura corporal se ve afectada

Cuando te duele un músculo, es posible que limites su uso. Esta limitación provoca que crees nuevos movimientos o posturas, con tal de no utilizar aquella parte afectada. No pasará nada si sigues esta estrategia durante unos días. Sin embargo, con el tiempo, puedes llegar a modificar tu postura de forma que tu vitalidad se vea reducida.

 

Estas son algunas de las consecuencias de dejar que el dolor, la tensión y el malestar vayan ganando terreno en tu vida. En base a esto, puedes escoger. ¿Qué te compensa más? ¿Escuchar las necesidades del cuerpo, que son las tuyas? ¿O bien esconder el dolor y asumir las consecuencias que pueda tener?

Quizá piensas que la respuesta correcta es escuchar siempre las necesidades del cuerpo. Pues no.

Ahora que conoces las consecuencias, me gustaría que tomaras tus decisiones con conciencia. A veces preferirás asumir un dolor mayor más tarde. Y otras querrás adentrarte en tus tensiones para descubrir tus emociones reprimidas.

No se trata de escoger una de las dos opciones y seguirla a rajatabla siempre. La vida cambia y te pone en multitud de situaciones diferentes. La gracia está en saber escoger lo más adecuado en cada momento.

Ahora bien, lo cierto es que esta web fue creada para que aprendas a escuchar tu cuerpo. Así que la próxima semana te diré cómo puedes liberarte del dolor, la tensión y el malestar en el cuerpo. Si quieres saberlo, apúntate a la lista de correo. De regalo te llevarás la guía Primeros pasos para escuchar el cuerpo.

Por último, me gustaría que pudieras reflexionar:

  • ¿Cómo te afectan en tu día a día los malestares?
  • ¿De las consecuencias que te he explicado, te has sentido identificada con alguna? ¿Añadirías alguna otra?
  • La semana pasada reflexionamos sobre nuestro mayor dolor, ¿crees que te está generando alguna consecuencia?
  • ¿Qué haces cuando algo te duele?
  • ¿Crees que en el equilibrio está la clave o prefieres tomar esa decisión y mantenerte firme en ella?

Me encantará que me cuentes tu opinión en los comentarios.

Foto: Stephen Arnold para Unsplash.

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