El dolor y la tensión en el cuerpo son mensajeros de las emociones

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Si me sigues desde hace un tiempo o has leído la página Quién soy de esta web, es posible que sepas que el mayor dolor que he tenido que atravesar ha sido la muerte de mi padre, que ocurrió cuando yo tenía 1 año. Quiero explicarte cómo fue el proceso a nivel corporal cuando lo viví con 24 años.

Me desperté de repente un sábado por la noche. Apenas podía moverme. El dolor empezaba cerca de mi omóplato derecho y me atravesaba la espalda. Nunca había sentido una tensión muscular tan fuerte. No estaba en mi cama, pues aquel era uno de los fines de semana en los que iba a una casita en el bosque para mi formación en Terapia de Movimiento.

Tuve que despertar a Lidia, la compañera que dormía al lado. Con lágrimas en los ojos y su ayuda, me senté en el sofá. Tomé un ibuprofeno y traté de descansar lo que quedaba de noche.

Por la mañana quería marcharme, pero mi profesora me convenció para que me quedara. Me aconsejó que me moviera en base a mi capacidad y que, sobretodo, me concentrara en la emoción que había detrás del dolor. Como no tenía coche para irme, decidí probar.

Con las actividades del día, gané movilidad, pero el malestar no desaparecía. Tampoco había demasiado rastro de emoción. Hasta que llegó el último ejercicio.

Mi cuerpo me pedía que me sentara en el suelo y meciera mi tronco, abrazándome. Así lo hice: hacia adelante, hacia atrás, hacia adelante. Ese sutil movimiento me sumergió en una gran tristeza. Me derrumbé y empecé a llorar. Era un llanto que surgía muy profundo, de las tripas. No había ningún pensamiento en ese momento. Sólo lágrimas y gritos de dolor.

Poco a poco, con la ayuda de mis compañeros, me levanté hasta recuperar la tranquilidad. Al terminar, me sentía viva aunque extraña y dolorida todavía. No sabía qué era lo que había pasado. Necesitaba procesar lo ocurrido. Había conseguido sacar la emoción, pero no sabía qué era lo que la provocaba.

Como todavía me dolía la espalda, aquella semana estuve de baja laboral. Me pasé los días de la cama al sillón, frente a la chimenea de casa (la que sale de fondo en mis vídeos). Escribí, leí y reflexioné mucho. Como había decidido no tomar relajantes musuculares para no adormecer la tensión, también meditaba para calmar el dolor. Estaba decidida a ir al fondo del asunto. Quería saber de dónde salía aquel llanto.

Uno de esos días decidí mirar una de mis películas favoritas: Paris, Texas. Ya la había visto muchas veces, pero había algo que me impulsaba a hacer un revisado. Al terminar, supe el porqué. Esa peli muestra el retorno de un padre. (Puedes verla sin problema, no te he destrozado el final). Gracias a ella, hice el click: necesitaba pasar el duelo por la muerte de mi padre biológico.*

A partir de ahí, todo fue rodado. Decidí que quería recuperar su presencia en mi vida, pues la había negado hasta el momento. Iba a vivir el duelo para despedirme de él como no había podido hacerlo antes. Al tomar esa decisión y planificar cómo iba a llevarla a cabo, el dolor de espalda terminó desapareciendo tan rápido como había venido.

He querido contarte este episodio de mi vida porque me parece un buen ejemplo del tema que hoy empezamos: el dolor, la tensión y el malestar como mensajeros de nuestras emociones.

Como ya te he explicado otras veces, nuestro cuerpo nos habla en forma de sensaciones. Ese es su lenguaje. Estas sensaciones hablan acerca de quién somos nosotras, qué es lo que nos remueve, lo que nos gusta, lo que no, lo que nos alegra, nos da rabia o nos pone tristes.

Así, cuando hay algo en nuestro inconsciente que no hemos resuelto, nuestro cuerpo nos manda un mensaje con dolor, tensión o malestar. Si decidimos hacerle caso y prestarle atención, podemos aprender mucho de nosotras mismas. Cuando no lo hacemos, el cuerpo tiene que gritar más fuerte, generando un dolor mayor o creando una enfermedad. Las consecuencias de esta desconexión pueden llegar a ser desastrosas.

Quizá tú no tienes un dolor que te incapacite o grandes traumas que superar. Pero, dime, ¿no hay en tu cuerpo ninguna tensión o malestar? Por pequeño que sea. Quizá es un dolor de vientre, las cervicales o un dolor de cabeza demasiado insistente. Quizá es una rabia que aparece a menudo o una sensación de soledad. Si no tienes nada, te felicito. Celébralo con una cerveza o un buen zumo de frutas. A tu salud.

Sin embargo, si crees que en tu vida sí hay cierto dolor, tensión o malestar, te invito a escuchar tu cuerpo, pues él puede ayudarte a recuperar tu energía y vitalidad.

A lo largo de este mes, vamos a tratar la relación entre el dolor y las emociones. Si te interesa el tema, apúntate a la lista de correo. Si lo haces, además, te llevas un curso de regalo: Primeros pasos para escuchar tu cuerpo.

Para ir calentando motores, quiero hacerte algunas preguntas para que puedas reflexionar acerca de tu mayor dolor. Te invito a que cojas papel y boli para responderlas en casa:

  • ¿Hay algún episodio de tu vida que recuerdes a menudo?
  • ¿Ocurrió algo en tu infancia que te haya marcado de por vida?
  • ¿Te han ocurrido situaciones similares con personas o lugares diferentes? ¿Cuál fue la primera? ¿Con qué lo relacionarías?
  • ¿Hay alguna emoción recurrente en tu vida?
  • ¿Hay algún dolor recurrente en tu cuerpo?
  • ¿Tienes alguna enfermedad? ¿Cuándo empezó?
  • ¿Cómo definirías tu vida o tu momento actual con una palabra o una imagen?
  • ¿Siempre ha sido así? Reflexiona sobre los motivos por los que tu vida sigue igual o ha cambiado con respecto a otros tiempos.

Además, si te apetece, me gustaría que me explicaras qué dolores en el cuerpo acostumbras a tener. ¿Tienes alguna idea de la emoción que las provoca? ¿Qué haces para aliviar ese dolor, tensión o malestar? Me encantará que me lo cuentes en los comentarios.

*PD. Hay otra película que muestra la relación entre un padre ausente y su hija: El Sur, de Víctor Érice, basada en el relato homónimo de Adelaida García Morales. También es una de mis favoritas. He querido mencionártela para que le des un vistazo si este tema te toca. Eso sí, prepárate porque ambas pelis son lentas. Si eres cinéfila, también te las recomiendo.

Foto: Cole Patrick para Unsplash.

Descubre los 5 errores que cometes cuando te adentras en el autoconocimiento

Y el curso gratuito Primeros pasos para escuchar tu cuerpo con ejercicios para gestionar tus emociones y aliviar tus malestares corporales

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10 comentarios
  1. Eliana
    Eliana Dice:

    Núria que post tan sentido y hermoso. Quiero aprovechar este espacio para también compartir mi experiencia.
    Mi padre murió cuando yo tenía 30 años, mis ojos fueron incapaces de llorarlo, hasta sentía como si aquella muerte de ese ser tan importante en mi vida, no me importara, pero mi cuerpo se encargó de llorarlo por mí de todas las formas posibles, por supuesto que en aquel entonces no entendía el malestar constante y los síntomas con los que desde entonces comencé a vivir como parte de este llanto, el duelo hacia mi padre duró 3 años, o por lo menos la parte más fuerte, pero te puedo decir que casi una década después yo no he llegado a llorarlo así como lo explicas en tu post, como con ese llanto que sale de tus entrañas, sé que es un dolor que está ahí, como adormecido, pero no ha salido a derrumbar muros.
    Veo que mis hermanos y mi madre si pudieron llorarlo con tanta facilidad, pero yo nunca pude hacerlo y esto muchas veces me hizo sentir culpable y hasta insensible, sabiendo que no lo soy y que tengo una facilidad para llorar por todo, total que desde su pérdida, nunca más volví a ser la de antes, hasta me acostumbré a vivir con la inflamación de mi colon, cosa que no me pasaba antes, y lo que antes era taquicardia, ahora lo entiendo como un lenguaje de amor con el que mi amable corazón se comunica conmigo, de hecho le escribí recientemente una carta de amor a mi cuerpo en mi blog, precisamente para entender esta forma como el cuerpo se comunica y nos expresa tantas cosas de las emociones reprimidas.
    Me encanta leerte y estaré atenta a los próximos posts relacionados con este tema.
    ¡Un abrazo!

    Responder
    • Núria
      Núria Dice:

      Hola, Eliana

      Muchísimas gracias por compartir tu experiencia en este espacio.
      Entiendo tu pesar y tus emociones al respecto.
      De todas formas, no te preocupes por no poder haberlo sacado todo al exterior todavía. Lo más importante es que eres consciente de ello y, como tal, escuchas las señales que te lo indican. Ese es el primer paso para atravesar el dolor y liberarse de él 😉
      Voy a leer la carta de amor a tu cuerpo.
      Te mando un cálido abrazo.

      Responder
    • Núria
      Núria Dice:

      Hola, Edda!

      Gracias a ti por leerme. Para seguir en contacto, necesitas apuntarte a la lista de correo desde alguno de los formularios de suscripción. La barra roja de arriba o el que encontrarás en la esquina inferior derecha.
      Un abrazo grande.

      Responder
  2. Yarley
    Yarley Dice:

    Hola Núria, me encantó leerle una vez más. Es como si siempre dieras en el punto de lo que necesito adentrar en mi.
    Me dispondré a analizar más los pequeños malestares que me invaden a los cuales la mayoría de veces les hago caso omiso, pondré en práctica él cuestionario para encontrar respuestas.
    Cada vez estoy más interesada en llevar a la práctica toda esta información tan valiosa, estoy en este proceso de autoconocerme, amarme y encontrar más paz en mi. En realidad, aparentemente no tengo ningún motivo para no tenerla, pero es como si algo en mí se dispone a no dejarme llevar las cosas con fluidez y en calma, paso por muchos altibajos anímicos y aunque en teoría puedo saber muchas cosas al respecto, llevarlo q la práctica en mise le dificulta. Pero tengo la disposición y prometo seguir.
    De nuevo muchas gracias, esperare ansiosa por más post, un abrazo a la distancia desde los Ángeles CA.

    Responder
    • Núria
      Núria Dice:

      Hola, Yarley!

      Muchísimas gracias por tu comentario. Me alegra saber que estás en un proceso de autoconocimiento. Como comentas, a veces nos ocurre que parece que todo nos tiene que ir bien, pero nuestras emociones nos indican lo contrario. A mí misma me pasó cuando empecé a autoconocerme.
      Te animo a que lleves a la práctica los ejercicios que sientas que necesites, pues es desde la práctica que podemos encontrar soluciones a nuestros malestares.
      Un abrazo grande desde mi pequeño pueblo cercano a Barcelona.

      Responder
  3. Cristina Hortal
    Cristina Hortal Dice:

    Hola Núria, me llamo Cristina Hortal y te acabo de descubrir, a través de un artículo de Deb donde te cita.
    Me ha encantado este post tuyo y me iré pasando por tu web.
    Doy fe de todo lo que dices.
    Yo me curé de una enfermedad considerada crónica (espondilitis anquilosante) hace tres años. Y lo hice a través de una gran toma de conciencia y los consecuentes cambios estructurales que realicé en mi vida.
    El cuerpo no es la causa sino el reflejo de una incoherencia en nuestra vida.
    Si hacemos el trabajo de descifrar los mensajes del cuerpo (su dolor habla de un dolor emocional oculto en nuestro inconsciente), descubriremos de qué forma nos estamos traicionando a nosotros mismos. Es hora entonces de comprometernos de verdad con nosotros y hacer lo que haga falta para dejar de traicionarnos.
    Será necesario estar dispuesto a todo.
    Yo lo estuve y, a día de hoy, estoy perfecta y me he liberado de la medicación y de las interminables visitas médicas.
    He recuperado mi salud y, lo mejor de todo, los cambios que hice me devolvieron el “mando” de mi vida.
    Un saludo y gracias por hacer esta labor. Es genial que haya gente que pueda acompañarte en ese proceso.

    Responder
    • Núria
      Núria Dice:

      Hola, Cristina!

      Muchas gracias por tu mensaje y por compartir tu experiencia. Me alegra mucho saber que lograste curarte de la espondilitis anquilosante gracias a una gran toma de conciencia. Un familiar cercano mío tiene esta enfermedad, así que conozco sus efectos y los dolores que causa.
      He visto que tú también tienes web, te leeré con mucho gusto.
      ¡Un abrazo!

      Responder
  4. Cristina Hortal
    Cristina Hortal Dice:

    Hola de nuevo, Núria.
    Es curioso, me pasé toda la enfermedad sin tener consciencia de la existencia de ningún otro caso de espondilitis y, desde el mismo día en que decidí curarme, no paro de encontrarme con personas que la padecen.
    Es penosa, sí. Imagino que todas las enfermedades lo son. Aunque sólo conozco esta de cerca y la conozco muy bien. Si consideras que tu familiar puede aprender a entenderla desde otra perspectiva y crees que mi visión y mi experiencia puede ayudarle, no dudes en animarle a que me contacte. Sé que tengo algo valioso que ofrecer en esto, aunque también sé que la relación de cada persona con su enfermedad, es algo muy íntimo.
    Te vuelvo a dar las gracias por este proyecto. Es necesario para “el mundo que viene”.
    Abrazos.

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  5. Núria
    Núria Dice:

    Hola, Cristina

    Te agradezco mucho tu ofrecimiento y estoy segura de que tienes una información muy valiosa que dar en este sentido. No obstante, aunque se lo comentaré, estoy casi segura que no querrá contactar contigo. Mi familiar no es muy dado a buscar alteranativas. Pero gracias de todo corazón.
    Un abrazo.

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