Cómo Andrea venció la Sensibilidad Química Múltiple

Una noche de noviembre de 2013 me desperté a las 3 a.m, ahogándome, con sabor a laca en la boca. Llamé a mi pareja, pero no entendió nada. ¡¿Cómo iba a haber laca a aquellas horas de la noche?!

Yo tuve que salir a la terraza para poder respirar mejor.

Al segundo día, se me ocurrió preguntar a mis compañeras si, por casualidad, habían tirado algún producto químico por la noche (yo pensaba que iban a alucinar); cuando de repente una explicó que tenía un mosquito que no le dejaba dormir y lo mató con la laca.

Me quedé helada, su habitación estaba a la otra punta de la mía.

Desde entonces, la gran cascada de productos químicos que usamos en el día a día, para muchos invisible, empezó a afectar mi salud.

Cada vez estaba peor y decidí mudarme con mi pareja (siempre brindándome apoyo desde el primer momento).

Acudí a un médico privado experto en este tipo de sensibilización a los químicos que yo estaba presentando, a parte de todos los síntomas que acarreaba de hacía tiempo.

Mi diagnóstico me caló: Fibromialgia, Fatiga Crónica y Sensibilidad Química Múltiple. Me caló de tal forma que, a partir de ahí, se me nubló la vista y resonaban en mi cabeza las palabras del médico:

Tendrás que dejar la carrera, algún día la ciudad. Necesitas llevar mascarilla para respirar, elimina todos los productos químicos de tu hogar, compra comida ecológica. Esto va a ir a peor. Debes evitar todas las exposiciones a químicos.

Viviendo en el Camp de Tarragona, una zona donde predomina la industria química, mi vida peligraba.

Ese día puse fin a mi vida de chica ‘normal’ de 20 años y al año 2013. Mi propósito para el próximo: sobrevivir, luchando contra mí y evadiéndome del exterior.

Reprimí todo tipo de rabia, tristeza, miedo, inseguridad, pánico. Cerré muy fuerte los ojos y me tragué todas esas emociones sin masticar, sin poder asimilar la situación. “Acéptalo, acéptalo, acéptalo… o no sobrevivirás, tu cuerpo es bastante débil como para perder la cabeza, mantenla fuerte todo lo que puedas.”

Mi familia nunca creyó en ese diagnóstico y fue una de las razones por las cuales sentí que, si me dejaba llevar por las sensaciones de mi cuerpo, sería una carga para los de mi alrededor.

Me encontraba cada vez peor; pero mi pareja estuvo allí, pasando y viviendo horrores que prefiero no contar porque los he borrado de mi memoria.

Eso sí: disfrutábamos los pocos minutos que mi cuerpo me permitía tener un poco más de actividad. Los aprovechábamos como si no fueran a volver jamás. Siempre le dimos la vuelta a cualquier situación de malestar.

Me llenaron de paz cuando mi vida estaba en guerra. En esos momentos tan complicados de entender, de explicar, no hay nada más sencillo que sentir y vivir.

Cuando todo está perdido, tienes aún más claro que no vas a perder más. Ni el humor, ni los momentos que te hagan feliz.

Hay una anécdota que siempre recordaré. Me prepararon una fiesta sorpresa en mi casa. No había cruzado aún la puerta del piso cuando dije “¿Quién hay? Huelo colonias, geles, champús…”. Y en el fondo de la habitación se oyó: “¡No vale! Tienes ventaja, Andrea.”

Aunque me dijeran que ese pañuelo hacía un mes que no se lo ponían y que ese día no llevaban colonia, para mí, seguía apestando igual que el primer día.

Seguí  en la universidad, ahógandome en el autobús y las clases; falté a muchos exámenes que se acumulaban a final de convocatoria, aguanté burlas, miradas… Suerte del apoyo de mis compañeros.

Para rematar, la vergüenza de esconderme bajo un antifaz (me planteo ahora volver a ponerme la mascarilla y no tendría el valor).

Como yo salía poco de casa y mi pareja trabajaba, adoptamos una perrita muy maltratada. Ya hace 3 años y medio que está con nosotros felizmente.

Llegó un día, una tarde, durante unos segundos (no recuerdo la hora exacta pero sí la sensación). Algo estalló dentro de mí, era el principio de una nueva etapa, un camino muy largo me esperaba.

Me enfrenté al pronóstico de la enfermedad y me dije a mi misma:

Me he visto obligada a aceptar esta situación. Me he vuelto invisible y ya no le temo a nada. Siento que me muero cada día, pero quiero intentarlo aunque fracase. Luchar no es aceptar, es responsabilizarte y intentar cambiar algo por pequeño que sea.

Yo no he nacido para terminar aquí. QUIERO VIVIR, no sobrevivir.

Aprovechando mis pocos conocimientos sobre nutrición empecé a investigar en artículos científicos y blogs sobre afectados por la misma enfermedad.

Indagué bastante, deducí cosas por mi cuenta. Probé con varios suplementos, cambios en mi alimentación y conocí diferentes personas que me ayudaron a mantenerme para seguir con mi vida.

Pasaron 6 meses, estaba en los exámenes finales del primer año de la carrera. Fue en el autobús cuando me atreví a quitarme la mascarilla.

De repente, noté que percibía olores pero con menor grado. Me permitía respirar por un rato sin ahogos, migrañas, calambres, nauseas ni mareos.

Algo había cambiado en mí.

Lloré, lloré mucho. No me lo podía creer. Noté como si un nudo se desatase en lo más profundo de mi ser.

Mi salud mejoró por meses, tenía más energía, pude ir a trabajar de canguro en otra casa (¡impensable para mi hasta entonces!) y empecé a realizar deporte.

Pero yo me mantuve firme a mi ideología: había comprendido el impacto que causan los químicos, y no volverían a estar en mi vida ni en mi hogar. Por mucho que no los detectes, están por todos lados.

Evidentemente que les tengo pánico y miedo, me horrorizan, no puedo con ningún producto, me hicieron sufrir mucho y están intoxicando nuestro planeta.

Había aprendido a disfrutar de 1 segundo sin dolor, me había vuelto más consciente con la comida, el medioambiente y la salud. Estaba muy informada sobre muchos aspectos que no había percibido años atrás.

Aunque realmente era un tema que simpre había estado muy presente en mi familia: mi abuelo materno murió con tan solo 27 años envenenado por hacer uso de DDT. Ni mi madre llegó a conocer a su propio padre. Pero gracias a la enfermedad noté que me conectaba a él.

Mi espírtitu de lucha y reivindicación empezó a crecer. Primero cambiaría mi vida, quién sabe si algún día podría ayudar a otras personas.

Había encontrado una parte de mi camino y estaba satisfecha con lo que empezaba a experimentar. Mi mayor logro: había superado una enfermedad crónica según los médicos.

Hace 1 mes que me he graduado en Nutrición Humana y Dietética. Por motivos de mi salud y darme un respiro después de estos 4 años, he dejado para un año más el trabajo de fin de grado y las prácticas.

He llegado más lejos de lo que podía haber imaginado. Siempre llevando conmigo esa gran motivación e ilusión por seguir estudiando pero sobretodo trabajando cualquier aspecto de mi vida.

Una gran parte de la superación de este proceso se la debo a mi pareja, que ha evolucionado a mi lado y me ha dado fuerzas en momentos donde yo ya no tenía ninguna esperanza por seguir.

He encontrado grandes profesionales, amigos, compañeros y familiares que me han apoyado. No siempre y no todos, pero cada cual estaba en el momento y en el lugar idóneo.

Actualmente estoy en pleno proceso de autoconocimiento. Todo lo que he reprimido durante los 4 años ha ido manifestándose: todas las emociones que no tuvieron lugar durante la enfermedad las estoy viviendo ahora. He reflexionado mucho y lo sigo haciendo.

Hace cuatro meses, al cumplir los 24, pensaba que me había sumido en una depresión. Otra vez me preguntaba quién era, por qué vivía todo esto y si los 8 años de lucha me habían servido de algo.

Pero como siempre me repito: las crisis existenciales son la antesala del cambio.

Así que me he adentrado en otro mundo, lleno de experiencias personales. Quiero aprender a vivir mis emociones y no encerrarlas más como mi enfermedad me había encerrado a mí.

He comprendido que no hay dolor físico que te limite tanto como lo es una mala gestión de tus propias emociones. Tienen que salir, ser libres y apreciarlas tal y como se manifiestan. Ellas forman parte de nosotros, de nuestra lucha y fracaso, conforman nuestra belleza y nos hacen únicos.

Mi estado de salud me ha obligado a cambiar, induciéndome en una metamorfosis permanente, pero yo he decidido el tipo de cambio.

Cada día busco sobre cualquier aspecto de mi vida que no me haga sentir a gusto, escucho a mi cuerpo, cuáles son sus necesidades y cómo me lo transmite.

Vivir es fluir, y me encanta la inercia de mi vida.

Gracias a todo lo que he pasado y pasaré, he podido darle sentido a tener los pies sobre la tierra. Porque el que para, se toma un tiempo y vuelve a emprender su vuelo no es débil. Esos momentos en los que te tomas un tiempo te permiten enderezar tu cabeza.

¡Aceptar es crecer! Y ninguna vivencia habrá sido en vano si de ella he aprendido algo.

Por último, te dejo una cita anónima que me ha inspirado mucho:

La razón por la que la gente se rinde tan rápido es porque tienden a mirar a dónde aún tienen que ir, en lugar de hasta dónde han llegado.

Puedes encontrar a Andrea en Facebook o en el correo electrónico: andrea.hs2014@gmail.com

¿Tienes alguna pregunta para Andrea? Escríbela en los comentarios. Ella te responderá.

Foto con perro: Jordi Santacana Fotografia.

Descubre los 5 errores que cometes cuando te adentras en el autoconocimiento

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15 comentarios
  1. Jovita
    Jovita Dice:

    Me encantó esta entrada. Todo un reto de superación. Gracias Andrea por abrirte y explicarlo y gracias Nuria por hacer llegar este reto que es como las piedras que nos,encontramos en el camino.
    Felicidades Andrea!

    Responder
    • Andrea Homedes
      Andrea Homedes Dice:

      ¡Hola, Jovita!

      Muchísimas gracias por dedicarme tu tiempo para leerme y dejarme un comentario. La verdad, no es fácil abrirse. Pero cuando encuentras a alguien que te animan y te facilita este proceso, se vuelve todo muy gratificante, y Núria es una bellísima persona.

      ¡Un abrazo!

      Andrea

      Responder
    • Núria
      Núria Dice:

      ¡Hola, Jovita!

      Me alegra que te haya gustado la entrada 🙂
      Lo cierto es que Andrea es todo un ejemplo de superación para admirar.
      Su historia me encantó desde el primer momento.
      Un abrazo!

      Responder
  2. Tania
    Tania Dice:

    Realmente es una de las mejores historias q he escuchado en mucho tiempo.

    De toda la vida me he tomado con cierta desconfianza los diagnósticos médicos, sobre todo si son demasiado fatalistas. Está bien echarle realismo al asunto pero tener en cuenta q el ánimo del paciente es fundamental en su recuperación podría valorarse de vez en cuando…

    La frase q destacas Andrea me parece genial!

    Gracias a las 2 por acercarnos esta historia!

    Responder
    • Andrea Homedes
      Andrea Homedes Dice:

      ¡Hola, Tania!

      Gracias, significa mucho para mí que mi historia impacte y sobretodo que inspire. Al final las dudas, el tiempo y el trabajo que me ha comportado poder expresar mis vivencias en palabras ha sido satisfactorio. Sin Núria, esto no habría sido posible 🙂

      Estoy totalmente de acuerdo con lo que dices, a los pacientes generalmente se los trata de forma global y muchas veces falta individualizar y ver más allá que sólamente un cuerpo enfermo. Estamos llenos de vida y no queremos que nadie ni nada suponga una barrera. De algún modo u otro, puedes sacar provecho de la situación y crecer como ser vivo y consciente.

      ¡Un placer leerte!

      Responder
    • Núria
      Núria Dice:

      ¡Hola, Tania!

      Coincido contigo y con Andrea acerca del trato que dan algunos médicos a los pacientes. Aunque lo cierto es que, creo, en muchos casos, el sistema sanitario no les pone facilidades para tratar a los clientes de forma individual.
      Gracias por compartir tu opinión, Tania.
      Un abrazo!

      Responder
  3. Andrea Homedes
    Andrea Homedes Dice:

    No puedo expresar más que agradecimiento, a todos los que me leereis, pero sobretodo a Núria (La escritora de tu vida). Por inspirarme en tan poco tiempo.

    Al mes de conocerla ya asistí a uno de sus talleres y me permitió participar junto a ella a través de esta entrada. Significa mucho para mí poder plasmar mi vida, mis humildes momentos y sobretodo agradecer a quiénes me han ayudado. Es un gran placer poderlo hacer junto a ella.
    Gracias, de verdad, por permitirme abrirme al mundo y cerrar esta etapa.

    Un abrazo enorme, te aprecio mucho, como profesional y como persona.

    Andrea

    Responder
    • Núria
      Núria Dice:

      ¡Hola, Andrea!

      El placer es mío por contar con tu historia en este humilde blog.
      Como ya sabes, creo que lo que has pasado es digno de admirar y, estoy segura, puede inspirar a muchas personas en su recorrido hacia el autoconocimiento.
      En lo personal, además, estoy encantada de haberte conocido. Así que agradezco la primera charla por skype que tuvimos 🙂
      Seguimos en contacto.
      Un abrazo!

      Responder
  4. Almudena
    Almudena Dice:

    Hola, Andrea,

    Me parece muy interesante tu historia. Trabajo de médico y al mismo tiempo tengo achaques crónicos por los que visito especialistas varias veces al año. Cuando he tenido enfermedades graves he vivido de primera mano cómo nos puede atenazar e inmovilizar el miedo.

    Siempre me ha llamado la atención cómo algunas personas se dejan absorber completamente por su diagnóstico y viven a tope su papel de víctimas enfermas. Otras, sin embargo, rechazan por completo el diagnóstico médico y aunque la enfermedad les siga afectando, no aprovechan todas las posibilidades de tratamiento que el conocimiento actual nos trae.

    Lo primero veo que ocurre principalmente en mujeres nacidas en entornos rurales, ahora ya mayores (más de 70 años), que parecen “abrazar” la creencia de que vejez es sinónimo de dolor y decrepitud, y dejan de luchar contra sus achaques leves o graves (salvo tomar medicinas, claro), y parecen ignorar todo el bien que la relajación, el ejercicio físico, la gestión emocional y el autoconocimiento pueden aportarles.

    Supongo que el término medio es el punto más virtuoso, como casi siempre.

    Lo que sí está claro es que siempre será más ventajoso hacerte responsable de tu propia curación y mantener una actitud de igual a igual con tu enfermedad, como tú has hecho. Felicidades y mucha suerte.

    Enhorabuena también a Núria por el blog, muy interesante 🙂

    Responder
    • Núria
      Núria Dice:

      ¡Hola, Almudena!

      Qué casualidad tener tu comentario aquí, justo esta semana estuve leyendo tu blog. Un proyecto muy interesante para los estudiantes de medicina.

      Al igual que tú, comparto la idea de que lo mejor para sentirse saludable, es necesario hacerse responsable de la propia curación, tal como hizo Andrea. Aunque eso signifique encontrar el punto medio entre la medicina occidental y otras técnicas que nos ayuden a profundizar en las emociones, gestión del estrés, etc.

      Gracias por tu comentario.
      Un abrazo!

      Responder
    • Andrea Homedes
      Andrea Homedes Dice:

      ¡Hola!

      muchísimas gracias por el comentario, comparto totalmente contigo tu opinión. Los extremos siempre suelen ser los más problemáticos. Debe valorarse bien la situación y actuar en consecuencia, pero no siempre todos los pacientes pueden tener la facilidad/oportunidad de aprovechar otros conocimientos o terapias complementarias. Poco a poco llega más de la mano a través de los blogs como el de Núria, y nos permite no prescindir sólamente de un diagnóstico/tratamiento unifocal sinó poder sacar nuestras propias conclusiones y integrar varias estrategias en nuestro estilo de vida, ya que nosotros somos los que al final conocemos nuestro cuerpo y sabemos en la medida lo que nos conviene y qué no, siempre en base a la ciencia y la lógica.

      Gracias otra vez,

      un saludo!!

      Responder
  5. vanessa
    vanessa Dice:

    Hola andrea que gran experiencia..me diagnosticaron hace 2 años fibromialgiaa a raiz de un accidente k tuve..me gustaría saber si as acudido a algun terapeuta que te oriente sobre el tipo d alimentación ya que tengo muchos problemas de intestino…he estado iendo a barna pero no me siento mejor. Gracias por tu experiencia eres toda una guerrera. Besitos

    Responder
    • Andrea Homedes
      Andrea Homedes Dice:

      ¡Hola, Vanessa!

      La verdad que prové varias cosas. Al final leí bastantes artículos/blogs basados en la ciencia de la nutrición y deporte, y lo que más me ayudó fue en mi caso:
      – dejar el gluten ya que presento sensibilidad al gluten con predisposición genética
      – empecé ha realizar más estiramientos y movimientos en general como el yoga y andar
      – dejé todo tipo de tratamiento antiinflamatorio y protectores del estómago (lo peor de lo peor)
      – introduce suplementos como el Magnesio, Vitamina D, Omega-3 y especias como la cúrcuma, pimiento rojo y gingebre (cada día).
      – ni tabaco, alcohol, azúcares refinados, harinas, productos derivados de la vaca, nada industrial ni procesado. Toda la comida lo más ecológica posible, sobretodo los huevos y comiendo mínimo 2-3 día (gran fuente de nutrientes y grasas!!!!)
      – probióticos: yogur, queso, kéfir (todos derivados de la cabra), té de kombucha, xucrut (col fermentada), aceitunas…
      – Tubérculos: patata, remolacha, cebolla, zanahoria, nabo, rábanos,….
      – añadí setas como el shiitake, vísceras (hígado y corazón), y mucho pescado azul pero evitando el de piscifactoria, sólo pescado en mi zona.
      – y por último dormir 7-8h, entre las 22-23h p.m y las 6-7-8h a.m.
      – Actualmente realizo mucho más deporte y estoy en contacto con la naturaleza todo lo que puedo.
      – Además para poder gestionar mejor mis emociones y mantener niveles bajos de estrés (muy importante para evitar aumentar la inflamación de nuestro organismo que empeora la sintomatología en la Fibromialgia) realicé el curso de Núria (la escritora de tu vida), y así me permitió entender más como podía expresar todo lo que sentía, tanto a través del cuerpo como de la escritura.
      – También para terminar de solucionar ciertos problemas como hipotiroidismo, desequilibrio hormonal y inflamación intestinal me está llevando un experto en medicina integrativa en Cataluña, Xevi Verdaguer.

      Para cualquier duda más, envíame un correo a.: andrea.hs2014@gmail.com

      Un saludo! Gracias por el interés de leerme, y mucho ánimo !!

      Responder
  6. Yoli
    Yoli Dice:

    Hola.
    Me encantaria contactar contigo.recien diagnosticada de SQM (lo que mas a los medicamentos,por ahora no pueden ppnerme ningun tratamiento) y ademas tengo efermedad autoinmune inflamatoria cronica,t ngo 28 años,dos hijos,mucho miedo.Mi marido es un 10 no,un 1000 como poco y un apoyo incondicional.(nadie mas cree en nada de lo que tengo,ni mi familia).intento ser fuerte por mis hijos,pero apenas puedo encargarme d ellos,ni ejercer de madre.Me siento tan cupable y tan mal que solo tengo ganas de desaparecer o morir para no pasar mas esto.se que suena muy pesimista,pero llevo 4 años cargados de sintomas y de un trato horrible por parte de medicos y gente que cree saber mejor que tu lo que te pasa. Agradeceria de veras conocerte,tu historia me a encantado. Gracias de antemano por leeeme.😘

    Responder
    • Núria
      Núria Dice:

      Hola, Yoli
      Gracias por compartir tu situación personal.
      Para poder ayudarte mejor, me gustaría saber si estás interesada en conocer a Andrea (la chica que ha escrito este artículo) o a mí, Nuria (la autora de esta página web).
      Gracias.
      Un abrazo!

      Responder

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