2 conceptos para afrontar tu dolor

El dolor es jodido. Estoy casi segura de que no te gusta levantarte cada mañana con malestar en el cuerpo o llegar a la noche cargada de tensión.

Sin embargo, es posible que te obligues a seguir con el día. Aunque te duela la cabeza, a pesar del pinzamiento en la espalda, incluso con las rodillas quejándose a cada paso.

No puedes faltar a tus obligaciones siempre que te encuentras mal, así que vas tirando como puedes con una sonrisa. Así, no molestas a los demás.

Claro que esto es de cara al exterior. Por dentro, es posible que acumules mal humor, apatía, agotamiento, culpabilidad… Un cúmulo de emociones y sensaciones desagradables que, si no te doliera el cuerpo, no tendrías.

A mí me pasa, sobre todo, cuando me dan los ataques de ciática, que siempre vienen para avisarme de la falta de movimiento o seguridad el plano material.

Me cabreo. De hecho, me da tanta rabia que he llegado a exclamar: ¡me cortaría la pierna ahora mismo! Y te juro que, en ese momento, si tuviera una sierra, me lo pensaría un par de segundos.

Así de desesperado es vivir con un dolor que te impide llevar una vida cómoda.

Si tú también tienes un malestar desesperante, quédate aquí porque te explicaré 2 ideas que serán una tabla de salvación para esos momentos críticos.

En mi caso, he aprendido y practicado estos 2 conceptos en mi retiro Vipassana. Eran necesarios para las horas en las que tenía que meditar y mantener la firme determinación de no moverme o no espantar las moscas que me andaban encima.

Impermanencia

La impermanencia es la característica de ser siempre cambiante, nunca permanente. La realidad es así: nunca nada dura para toda la vida.

La naturaleza nos muestra el cambio constante con el paso de las estaciones o el ciclo desde el nacimiento hasta la muerte de todos los seres.

De hecho, podría aventurarme a afirmar que solo la muerte se produce para siempre. No obstante, como no sé lo que nos espera tras ese tránsito, ni siquiera me atrevo a asegurar esto.

¿Y qué tiene que ver la impermanencia con el dolor?

Pues que tu malestar no va a durar hasta el infinito. Incluso, aunque sea crónico, seguro que hay momentos en los que se reduce o es imperceptible.

Cuando te molesta alguna parte del cuerpo de forma más o menos habitual, tiendes a enfocarte en esa tensión. Es entonces que empiezas con tu batiburrillo de quejas y negatividad particular.

Cuando la sensación es agradable o neutra, no le das importancia. Probablemente, dejas que sea tal como es, sin desear que sea diferente.

La impermanencia te muestra que cada percepción del cuerpo nunca va a ser permanente, que todo pasará.

Y, por lo tanto, como todo cambia en la vida, puedes permitirte soltar el control, dejar de luchar contra ello, abandonar la resistencia ante ese dolor. Porque todo va a transformarse.

La diferencia está en tu actitud frente a ello y, para eso, es importante el segundo concepto del que quiero hablarte.

Ecuanimidad

La ecuanimidad es la capacidad de vivir un acontecimiento o una sensación sin generar deseo o aversión. Y esto no es lo mismo que indiferencia frente a los hechos.

Se trata de que, si estás en el mejor momento de tu vida, no esperes que eso dure toda la eternidad (porque todo es impermanente, ya lo sabes).

Y, si estás en tu peor momento, no lo rechaces tampoco. En lugar de generar más negatividad con tu queja, aprovecha para aprender de ese malestar.

En lo que respecta al dolor físico, se trata de equilibrar todos esos estados que surgen cuando algo te molesta: la rabia, la desgana, la desilusión.

Con todas esas emociones difíciles, lo que consegues es aumentar el dolor.

En esos instantes, los sentimientos te enfocan en aquello que no quieres. Por lo tanto, lo vives con mayor intensidad. A mayor intensidad, más molesto se vuelve. Y más negatividad genera. El pez que se muerde la cola.

Para ser ecuánime, lo mejor es enfocar tu atención en otro objeto. Puede ser en lo que perciben tus sentidos (qué ves, qué oyes, qué hueles…) o bien otra sensación del cuerpo.

Quizá te duele la espalda, pero… ¿cómo notas tus piernas? ¿cómo se siente tu cabeza? Céntrate en eso y verás cómo el dolor disminuye.

No es que se esté “solucionando”, es que tú no estás generando más intensidad con tu atención permanente.

En definitiva, frente al dolor, te recomiendo:

  • Aceptar que está presente en este momento determinado
  • Dejar que se exprese tal como es
  • Tratar de aprender su enseñanza
  • Confiar en que algún día será diferente

No quiero engañarte. No es fácil poner en práctica la ecuanimidad y la impermanencia. Requieren un proceso de aprendizaje.

Algunos días fallarás, pero otros tendrás la capacidad de colocarte ante el malestar con tus dos nuevas herramientas. Entonces, verás cómo se puede vivir el dolor con serenidad.

A modo de ejemplo y para terminar, te cuento lo que me ocurrió a mí en una de mis prácticas de meditación.

Me picó un mosquito. Estaba tan concentrada en mis sensaciones que pude sentir el pinchazo que anunciaba su aguijón. Al cabo de unos minutos, empecé a sentir el picor que acompaña a estos animalillos.

Lo soporté durante un rato. Para ello, desviaba mi atención a otros lugares del cuerpo, siguiendo un recorrido de la cabeza a los pies y viceversa.

Tenía la firme determinación de no moverme, pero se estaba volviendo muy intenso. Cada vez me picaba más. Y más. Me acordaba del maldito mosquito y me cagaba en él.

Pero no. Volvía a estar en el pecho, luego el diafragma, luego el estómago.

Joder, cómo picaba. No lo podía soportar más. Necesitaba calmar esa sensación.

El vientre, la pelvis… me acercaba a la pierna. La picada estaba ahí.

Y no pude; tuve que rascarme.

Ese día no lo conseguí. Pero, al siguiente, superé la prueba de mis rodillas, que se quejaban por la postura que adopto al meditar.

Así se aprende: probando y probando. Hasta que lo interiorizas.

Ahora te toca a ti. La próxima vez que sientas dolor, aprovecha para acostumbrarte a la impermanencia y la ecuanimidad.

¿Conocías estos conceptos? ¿Tienes alguna duda acerca de cómo ponerlos en práctica? Sigamos reflexionando en los comentarios.

11 comentarios
  1. Pilar Oliver
    Pilar Oliver Dice:

    No los conocia, ultimamnete se me tapa mucho el oido izquierdo y es muy incomodo lo oracticare en este momento fijandome en otras partes del cuerpo. Gracias

    Responder
    • Núria
      Núria Dice:

      Siento mucho lo que te ocurre en el oído izquierdo. Espero que te sirva fijarte en otras partes del cuerpo cuando te sientas mal. Si tienes alguna duda, escríbeme y la comentamos.
      Te abrazo.

      Responder
  2. Maruja
    Maruja Dice:

    Como dicen en mi familia, “no hay mal que cien años dure” (ni cuerpo que lo resista, añadiamos). Nunca me gusto mucho ese dicho, hasta que lo vivi en mis carnes, nunca mejor dicho, con tres partos. En los momentos en los qeu las contracciones son brutales piensas “que horror, yo no voy a aguantar esto”. Pero el caso es que lo aguantas y que pasa, termina y puedes ver a tu bebe.
    La vida me ha ido enseñando que todo pasa, que cuando estas metida en una situacion mala se te viene el mundo encima, pero nada permanece.
    Ahora cuando estoy en una situacion qeu no me gusta, respiro hondo y pienso “esto tambien pasara”.
    La ecuanimidad…., buf eso lo encuentro muy, muy dificil.
    Los dos son conceptos muy buenos para afrontar la vida, el dolor….
    Gracias

    Responder
    • Núria
      Núria Dice:

      Hola, Maruja!
      Gracias por aportar tu experiencia en el artículo.
      Yo no he vivido un parto, pero muchas amigas me han contado experiencias similares a lo que comentas. Una vez escuché decir a una matrona que las contracciones había que vivirlas como si estuvieras nadando en el mar. Es decir, si viene una ola, hundirse en ella, dejarse traspasar para que el mar no nos lleve. Según decía, cuando luchamos contra las contracciones (las olas), es cuando duelen más.
      Me parece una buena imagen para entender la ecuanimidad: hundirse en la oleada del dolor y no resistirse a él. Con paciencia y tiempo, estoy segura de que aprenderás a integrarla en tu vida 😉
      Te abrazo.

      Responder
  3. Gloria
    Gloria Dice:

    Hola Nuria! Gracias por tu artículo. A mí la pregunta que me surge al leerlo es: crees que es posible aplicar estos dos conceptos también al dolor emocional?
    Un abrazo.

    Responder
  4. Alba / Themindrepublic
    Alba / Themindrepublic Dice:

    Qué bueno. Las enseñanzas del Buda para el sufrimiento que es inherente a la vida, como los dolores. Cada vez estas enseñanzas están más integradas en occidente y ya forman parte de las corrientes psicológicas más actuales.
    Como bien dices, generar la ecuanimidad y tomar contacto con la impermanencia es una actitud que hay que cultivar, pero cuando uno de verdad se da cuenta de lo que aporta a la vida y lo que cambia la forma de vivir con el dolor, merece la pena.
    No solo ayuda al dolor sino a todo tipo de sufrimiento.
    Buda no hablaba de sufrimiento en sí sino de Dukha, que es el dolor implícito a la vida por el riesgo a perder lo que tenemos que nos gusta y nos hace felices, y el dolor por la presencia de situaciones, pensamientos, sensaciones, personas, etc, que no queremos.
    Para los apegos y para todas las emociones perturbadoras desarrollar estas dos actitudes poco a poco en el día a día es una gran enseñanza.

    ¡Gracias por compartirla!
    Al final sí que has sacado cosas importantes del retiro de Vipassana y herramientas para seguir ayudando tan bien a tu gente. Enhorabuena.

    Responder

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