La revolución de la autoestima

Este es un post escrito por Nadia, terapeuta corporal holística. También dirige la web Armónico Caos, desde la que te ayuda a recuperar tu armonía y tu poder. Te dejo con ella.

Cuando has sido educada en un ambiente en el que el amor y el sexo tenían mucho de tabú y poco de natural, cuando la demostración de cariño era mínima o estaba camuflada en actos por tu bien y en regalos cuando tocaba, puede que ahora la palabra “autoestima” te resulte algo repelente o empalagosa.

Puede que entornes los ojos cada vez que oigas: amor propio, autoayuda, crecimiento personal, autoconocimiento…

No porque no anheles obtener lo que estas palabras transmiten, sino porque hay algo dentro de ti que de entrada las rechaza, algo que de repente te hace conectar con tu propia vulnerabilidad, con tu propia necesidad de mirar hacia dentro, y entonces con tu vergüenza.

Y conectar con la vergüenza da mucha vergüenza, y también bastante pereza.

Y no pasa nada, mientras esto no te cree conflictos… Yo sí los tuve.

Hace diez años yo estaba deprimida; pasé mucho tiempo así, desconectada, siempre rodeada de gente pero sintiéndome inmensamente sola, siempre saliendo y riendo; después, en soledad, llorando y escribiendo mis miserias…

Nada me interesaba, nada me satisfacía; me sentía siempre cansada, no me cuidaba, pensaba que el mundo era “ridículo” y todo me daba igual.

El día que toqué fondo fue cuando mi cuerpo se llenó de Psoriasis Gotata.

Aquello realmente me hundió y a la vez me despertó. ¿Por qué mi cuerpo se había llenado de estigmas que no tenían intención de desaparecer? ¿Qué era aquello y por qué no había una respuesta médica ante su aparición?

Algo dentro de mí sabía que era yo misma la que en su rol autodestructivo había dejado aflorar aquella alerta roja.

Y entonces, decidí hacer algo. No sabía el qué, pero ahora estaba dispuesta, y eso fué lo que importó. Como estaba dispuesta, apareció un camino, y lo seguí…

En aquel momento yo no sabía que lo que estaba empezando a hacer yendo cada semana a una “terapia” era el primer paso hacia la reconexión, permitiendome un espacio en el que sentirme.

Ahí empezó un precioso y a veces tortuoso proceso que siguió hasta el presente, en el que pasé por hacer terapia, volver a sentir interés por aquello que me llenaba (los libros, la danza…), enamorarme del cuerpo humano y sus manifestaciones, estudiar anatomía y terapias corporales, y trabajar yo misma como terapeuta.

Todo ello en paralelo con un gran cambio en mi salud, mi trabajo y mis relaciones; una pareja con la que vivo feliz desde hace 7 años y un hijo que me tiene loca, en todos los sentidos.

Mi historia es larga y está llena de detalles y bamboleos, pero tengo clara una cosa, a modo de resumen: fue mi autoestima lo que marcó la diferencia entre el antes y el después.

Qué es la autoestima y cómo me empodera

Creo que el concepto autoestima es demasiado vasto como para abarcarlo con una definición, así que empiezo con una imagen literaria, que a mí me ayuda a entenderlo mejor:

Para mí la autoestima es como una luz, una luz que emano desde mi interior.

Si gozo de autoestima tengo luz propia y me valgo de mí misma para ir por la vida: me veo, y puedo ver a los demás.

También veo mi sombra, soy consciente de quién soy. Eso no significa que tenga menos problemas que otras personas, significa que tengo lo necesario para transitar por la vida: mi luz, mi capacidad de estar conectada.

Si mi autoestima es baja o nula, la poca luz que tengo (o que creo tener) la pongo hacia afuera, para buscar en el exterior aquello que creo que necesito.

Como no me veo, no sé quien soy, me intento reconocer en el exterior y dependo de los demás para saber quien soy. Pero como hay poca luz, tampoco puedo ver bien a los demás ni ellos a mí, y ando siempre medio perdida entre luz y oscuridad. No hay conexión.

¿Cómo me afecta la autoestima? ¿Cuándo estoy empoderada con mi luz?

Cuando respeto mis propias decisiones. Cuando a pesar de que a veces me cueste decir no, lo digo; me lo permito.

Cada vez que me miro al espejo y me sonrío o me guiño un ojo, igual que hago con mis amigas cuando las veo. Soy mi propia amiga.

Cada vez que decido darme una oportunidad, y otra más, y voy a por lo que quiero, aun sin garantías del resultado esperado.

Cada vez que siento la necesidad de descansar y lo hago.

Cuando me permito no hacer nada, y cuando me permito no decir nada, sin sentir que no-hacer está mal, y que no-decir me hace quedar mal. El silencio es muchas veces la mejor respuesta.

Cuando hago lo que me apetece y me responsabilizo de mis palabras, de mis actos: cada vez que demuestro mi cariño porque me sale hacerlo, y cada vez que expreso mi rabia, siendo esta expresión una manera de transformar mi energía en algo liberador, y no un ataque violento hacia nadie, incluída yo misma.

Cuando tengo claro que expresarme es lícito y no tiene que ir cargado de ningún otro sentimiento que no sea el de quedarme a gusto.

Cuando me visto como quiero; cuando decido depilarme o no hacerlo; cuando no señalo a las que visten diferente, y se depilan o no lo hacen jamás.

Cuando los prejuicios no se convierten en un juicio, sino que son fantasmas pasajeros fáciles de identificar por mi mente, que está a mi servicio, y no al revés.

Cuando encajo las críticas y las convierto en algo constructivo, y lo que me sobra, lo desecho. Cuando puedo lidiar con que no gusto a todo el mundo.

Cuando me permito llorar. Cuando me permito reír.

Cuando me permito tener sentido del ridículo. Cuando me permito equivocarme.

Cuando perdono, cuando agradezco.

Cuando valoro lo que hago bien, e intento mejorar lo que no hago tan bien, y cuando no pasa nada si no lo hago todo bien, ni tan siquiera regular.

Cuando sé que tengo algo que aportar.

Por qué es tan importante la autoestima y de qué depende

La investigadora Brené Brown, experta en autoestima, explica en su esclarecedor libro Frágil, el poder de la vulnerabilidad que después de entrevistar a cientos y cientos de personas y dividirlos en los que tienen una sana autoestima de los que no, encontró que sólo había un factor que los separaba: los primeros tenían la creencia de merecer amor y los segundos tenían la creencia de no ser merecedores.

2 datos que me parecen fundamentales de su estudio:

  1. Los que sí creían ser merecedores coincidían en que el éxito de su triunfo como personas con alta autoestima residía en aceptar su vulnerabilidad: en su capacidad de ser vulnerables.
  2. Ser merecedor o no de algo, no sucede porque sí: se cultiva, es opcional, es una práctica diaria.

Así que mi autoestima depende de mi creencia de ser merecedora o no serlo, y esto dirige en gran medida mis circunstancias. Mis objetivos, mis relaciones, mi trabajo y mis rutinas diarias tienen que ver con quién creo que soy y qué creo que merezco.

Así que tener una buena autoestima depende de mi capacidad de mostrarme tal como soy y de aceptar mis miedos, mis puntos débiles: aceptar la vulnerabilidad y abrazarla.

Así que sentirme merecedora es una práctica; no depende únicamente de haber nacido en el seno de una familia feliz y haber recibido una educación impecable.

Como dice Brené Brown: es opcional. Yo decido.

Entonces, quizá detrás de una insatisfacción constante está mi falta de autoestima, mi falta de confianza en mis capacidades: subestimo mi poder, creo que los demás tienen autoridad sobre mí, abandono mis proyectos o ni siquiera los llego a empezar porque en el fondo creo que no voy a conseguir mis objetivos, ya que no lo merezco.

Y como no lo merezco, ni lo intento. Y no me atrevo a… Y me rindo a lo que hay, y que triunfen los demás… Y me olvido de quien soy y qué quiero. Me olvido de disfrutar. Me acomodo en las quejas. Y me zambullo en este círculo vicioso del que me valgo para tener una excusa para encontrarme mal.

Quizá en cambio, cuando sé que soy merecedora de amor y de triunfo, mi vida adquiere esa calidad de satisfacción, porque cada uno de mis actos está regido por esa creencia de merecimiento, y eso siempre me lleva a progresar; más rápido o más lento, pero nunca me invita a rendirme o a hundirme, y entonces, no lo hago.

Cada pensamiento, palabra, acción, conjunto de acciones, destino, karma… todo lo que me envuelve depende de quién creo que soy y qué creo que merezco, porque inconsciente y conscientemente hago y deshago según esa premisa. Los resultados dependen de esos pensamientos y cúmulo de acciones.

Creo que en este punto debe pararse una a pensar:

¿Quiénes son mis amigos? ¿Qué hago cuando tengo tiempo libre? ¿Cómo me comporto en el trabajo? ¿Qué como y cómo lo hago?¿Cómo descanso?¿Cómo pienso y cómo hablo?… ¿Cómo me estoy tratando? ¿Me creo merecedora o perdedora?

Cómo empezar a trabajar la autoestima

Decíamos que los cimientos de la autoestima están en las creencias y en los pensamientos. Y éstos se reflejan en las palabras y los actos.

Entonces, ¿debo empezar a trabajar por los cimientos de la casa?

No.

¿Por el tejado? Bueno…

Creo que hay que abordar toda la estructura a la vez, porque como mujer que soy, ya estoy formada, ya tengo una base hecha, y para nada está mal o hay que modificarla.

Hay una técnica tradicional japonesa llamada Kintsugi, que consiste en reparar las taras y los rotos de los jarrones de cerámica rellenando esas zonas con polvo de oro.

De esa manera los jarrones quedan no sólo arreglados sino mucho más fuertes y mucho más bellos.

Con la autoestima pasa lo mismo: Nosotras somos como un jarrón que ya está hecho, y quizá estamos rotas o heridas, pero si alimentamos  nuestra autoestima estaremos reparándonos.

En nuestra vulnerabilidad hay mucho poder y mucha belleza: si no la escondemos, si nos hacemos cargo de ella, estaremos rellenando nuestras taras con polvo de oro, nos volveremos más poderosas, más fuertes, más bellas.

Así que, mi trabajo para enriquecer mi autoestima consiste en cuidarme, cubrir mis necesidades y mis deseos sabiéndome merecedora de todo lo mejor.

Al igual que mi cuerpo se pasa la vida entera regenerandose, reconstruyéndose y purificandose, es mi responsabilidad hacer lo propio con mi mente: hay mucho trapo viejo, mucha creencia antigua que ya no sirve de nada y que es el momento de reciclar.

Y tengo esa oportunidad de renovarme un poquito en cada ciclo: cada día-noche, cada ciclo menstrual, cada estación del año, cada año… y así.

Los pensamientos

Hay muchos tipos de pensamientos limitantes, pero el rey de los pensamientos estancadores y paralizadores es: la culpa. Las mujeres somos expertas en sentirnos culpables, y está muy bien ser experta en algo, pero si tiene que ser en el sentimiento de culpa, mejor será especializarnos en cómo manejarlo y exterminarlo.

Porque la culpa me vuelve traidora conmigo misma: por una parte parece que me paraliza y me impide actuar, pero por otra parte es una gran barrera en la que puedo estar apalancándome para evitar enfrentarme a mis miedos.

Por ejemplo: puedo sentirme culpable si decido dejar de quedar con una persona con la que ya no estoy a gusto haciéndolo. Pero entonces me siento culpable: “pobre Pepita, es que me llama casi cada semana para verme…”. Entonces, sigo quedando con ella.

Aquí la culpa aparece en forma de “pobre Pepita” pero quizá detrás de eso está mi miedo a quedarme sola o a sentirme “mala persona”. En el fondo no hay una “pobre pepita”, hay una “pobre yo”, y eso es poca luz.

Así que ante cada pensamiento/sentimiento de culpa tendría que preguntarme:

¿Realmente quiero salir de aquí? Si la respuesta es sí, entonces es el momento de pasar a la acción, empezando por darme cuenta cada vez que la culpa se asoma, y dejando de darle importancia para a continuación dejarla ir; soltarla.

Las palabras

Mi diccionario mental ha de estar acorde con los valores que yo tenga o que quiera sembrar, regar y dejar aflorar.

Todo el mundo tiene un discurso mental; discurso que siempre va a estar ahí, pero que puedo conseguir apaciguar, transformar e incluso utilizar como herramienta de motivación.

Si ese discurso está cargado de palabras y conceptos incoherentes con mis valores, viviré en un mal caos: cuando crea que he dado un pasito para alante, daré un pasito para atrás, y así hasta el infinito.

Por ejemplo: si decido apuntarme a un curso de cocina porque me encanta la cocina, puede que empiece con gran ilusión, pero si a cada fallo que cometo me digo “qué inútil”, “soy un desastre”, me estaré boicoteando, y todo lo que me digo a mi misma me lo creo.

Al final acabaré dejando el cursillo; por supuesto con alguna excusa que yo misma me habré puesto para no afrontar mi poca luz.

Así que las palabras son una gran joya a pulir. Habrá palabras cuyo significado tendré que modificar dejando de darles unos atributos para concederles otros más apropiados. En mi caso, yo tuve que clarificar mi concepto de Amor y sólo eso ya trajo una gran transformación a mi vida.

Otras palabras habrá que borrarlas del disco duro: insultos, peyorativos, palabras denigrantes hacia una misma y hacia los demás… Aquellas expresiones como: “ay, qué tonta soy”, “eres inútil”, “qué zorra”, “hijo de puta”… me hacen tanto o más daño a mí como a quien se las dirijo. Eso no significa que mi vocabulario deba volverse estilo Flanders; yo elijo qué palabras utilizo y me responsabilizo del mensaje que traen.

Los actos

Cuando los pensamientos y las palabras cambian, los actos les siguen.

Ahora toca darme cuenta de qué cosas estoy haciendo en mi contra y frenar. Y poco a poco aprender a concederme aquello que necesito, a mimarme.

No hay nada de egoísta en todo esto, ya que todo el amor que aprenda a tener por mí misma lo generaré hacia los demás. Esta frase tan tópica también es susceptible de parecer súper repelente o incluso incierta; esto es así hasta el día en que una vive en sus carnes su verdad.

Realmente creo que este es el quid de la cuestión: tener claro que sólo puedo amar en la medida en que yo me amo. Y aquello que doy, lo recibo.

Cuando yo me quiero, sé querer a los demás, pero cuando no me quiero es fácil darle alas a mi carácter para que este me haga creer que “lo estoy dando todo por alguien” cuando en realidad lo que estoy haciendo es un esfuerzo por sentirme querida, necesitada, valorada, o cualquier otro tipo de dependencia del carácter; un esfuerzo que no tiene que ver con el amor puro, sino con el miedo. Eso lo perciben los demás, y solo pueden corresponderme con más de lo mismo: poca luz.

Esto produce insatisfacción y lucha constante.

Ejemplo personal: yo pensaba que estaba enamorada de mi primera pareja. Entre nosotros había tormentas de celos y posesión por su parte, celos y victimismo por la mía. Nos amábamos y odiabamos a la par.

Pero ahora entiendo porqué aquello no era amor de verdad, sino pura pasión juvenil mezclada con nuestros máximos miedos. Sí que había cariño, sí que había “amor”, de un cierto modo: el creado por el roce, por los buenos ratos etc.

Pero era nuestro carácter el que manejaba la relación: no nos queríamos, nos necesitábamos para sacar toda nuestra ira frustrada en el pasado. Nos hacíamos daño: aquello no era genuino porque ninguno de los dos se quería a sí mismo.

Cómo meterme de lleno en la relación con mi autoestima

Hay muchas maneras de alimentar la autoestima.

Lo importante es elegir un método que incluya mucha autoobservación, aceptación y gratitud, y que sea un trabajo constante en el que el cuerpo esté presente: el cuerpo manda mucho y sabe mucho, pero si lo tenemos abandonado no podemos lograr una coherencia en nuestras vivencias ni una armonía en nuestra vida.

En mi caso empecé a recibir terapia Shiatsu movimiento, que es a lo que me dedico ahora principalmente, y fue un grandísimo paso para mí en mi relación conmigo misma y con los demás.

A través del contacto sintonicé cuerpo, mente y espíritu, que en ese momento estaban totalmente dispersos, y desde ahí fui ganando una conciencia de mi misma y una serenidad que me ayudaron a tomar nuevas vías y a cambiar aspectos de mi vida en los que me había estancado.

Mi estado de salud volvió a la armonía de resultas de esa terapia. Desde entonces he seguido indagando y descubriendo nuevas maneras de autoconocimiento y desarrollo personal.

Las que más me han ayudado han sido el shiatsu, la danzaterapia, la meditación y el yoga, y ahora utilizo todas estas herramientas para seguir mi camino y para ayudar a otras mujeres.

Cada cual ha de encontrar su manera de reconectarse, y no es tan importante el método elegido, sino el estar dispuesta.

¿Cómo empezar ahora mismo a trabajar mi autoestima desde casa?

No todo el mundo necesita ir a terapia (aunque no conozco a nadie a quien no se lo recomendaría…).

A veces tenemos problemas puntuales o pasajeros, y nosotras mismas podemos atravesar la situación y aprender las lecciones que la vida nos ha traído sin necesidad de ir a ver a un profesional.

Mis dos métodos preferidos son: la meditación y la escritura.

Meditación es otra palabra grande que abarca demasiado como para explicarla con palabras.

Puedo decir que meditar es un ejercicio que incluye respirar, percibir, aceptar, dejar ir, estar presente, y que proporciona una gran serenidad y un mayor autoconocimiento. Esto se puede practicar de muchas maneras, y lo más importante es ser constante.

En mi blog puedes encontrar meditaciones guiadas y varios artículos en los que hablo sobre sus beneficios y los diferentes tipos de meditación que conozco y cómo practicarlas.

La escritura es una manera brutal de conectar contigo misma, de vaciar tu mente, de conseguir dar perspectiva a tus problemas, minimizarlos y encontrar soluciones.

Además, es una muy buena manera de organizar tus planes, tus deseos, tus objetivos… sobretodo si eres una persona con tendencia a la dispersión, como yo.

Puedes escribir un diario, escribir poesías, cuentos, palabras, rezos e incluso rituales. Si quieres profundizar en la escritura terapéutica puedes encontrar ejercicios tanto en mi blog como en el de Nuria, por ejemplo en su post: 1 ejercicio de escritura para conocerte a ti misma.

La revolucion de la autoestima

La autoestima es una revolución que empieza por una misma y que va transformando la sociedad, y por eso creo que es la posibilidad real que tenemos en nuestras manos para colaborar en el “mundo mejor” que anhelamos.

Una revolución puede ser vigorosa y escandalosa, y eso está bien, pero la revolución de la autoestima es, en esencia, lenta y silenciosa. Va por dentro, va calando poco a poco, y es contagiosa; porque las personas la perciben, la huelen y la admiran, quieran o no admirarla.

Quien esté preparado, no podrá evitar sentir la conexión, porque emanar respeto, aceptación, empatía y compasión es emanar Amor en estado puro, aquella energía con la que vinimos al mundo, y por eso esta es la revolución más fructífera para la conciencia de todas las personas.

Y este es un trabajo de vida. Mejorar la autoestima implica un continuo aprendizaje y una constante implicación. Pero para eso estamos aquí. ¿no? Para aprender, para evolucionar… Yo sigo mi camino y te invito a que te unas a esta revolución.

Si quieres seguir esta revolución conmigo, apúntate a mi web. Si te suscribes, te regalaré Bodyscan, un audio con el que conectar con tu cuerpo y entrar en una relajación profunda.

Y tú, ¿cómo es tu relación con la autoestima? ¿Has conectado ya con tu luz interior? Si no lo has hecho, ¿a qué dificultades te enfrentas? Cuéntamelo en los comentarios.

FOTO Kintsugi: de la web Cultura Inquieta. Desconozco si tiene Derechos de Autor.

Descubre los 5 errores que cometes cuando te adentras en el autoconocimiento

Y el curso gratuito Primeros pasos para escuchar tu cuerpo con ejercicios para gestionar tus emociones y aliviar tus malestares corporales

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7 comentarios
  1. Tania
    Tania Dice:

    Hola Nadia y Núria!

    De nuevo conozco un proyecto interesantísimo gracias a ti Núria, muchísimas gracias!

    Pues mi relación con la autoestima ha sido difícil hasta hace poco tiempo. Incapaz de reconocer que carecía de autoestima, construí una imagen de mi misma en la cual a los demás les sería imposible identificar en mi este problema. De hecho, ahora que lo estoy reconociendo públicamente, muchas de las personas que me conocen desde siempre se extrañan de que haya tenido que trabajármela tanto y de que haya padecido tanto por esta falta de amor hacia mi persona. No se me notaba nada oye 😉

    Cuando descubrí que mis problemas venían de ahí y decidí dejar de fingir para empezar a querer a la mujer que soy, con mis luces y mis sombras, todo cambió.

    Como dice Nadia, la meditación es una gran herramienta porque te permite conectar contigo misma en un viaje de auto descubrimiento que no se acaba nunca. Y en ese viaje van saliendo cosas enterradas que te dan la luz necesaria para llegar al final de túnel.

    Lo que sin duda me ha ayudado mucho es el eneagrama, Con él empecé a darme cuenta de cómo era, de cuáles eran los mecanismos que provocaban mi sufrimiento, de por qué mi falta de autoestima me lastraba tanto y de por dónde iban los tiros para aceptarlo y, desde ahí, intentar poner remedio.

    Ahora, gracias a tantos años haciendo terapia, buscándome a mí misma y trabajando con muchas personas en diferentes disciplinas, me siento preparada para contarle al mundo lo importante que es respetarse para tener una vida plena. Diría con toda seguridad que en la autoestima está la base de todo.

    Un artículo intersantísimo.

    Muchas gracias a las dos

    Responder
    • Nadia
      Nadia Dice:

      Muchas gracias Tania. A mí tampoco “se me notaba” nada 😉 Y a mí también me ha ayudado mucho el eneagrama. De hecho lo utilizo en mi trabajo, es todo un mundo la mar de interesante, siempre y cuando no te acabes volviendo loca intentando detectar el número de todo el mundo, ¡como hago yo!
      Un abrazo y muchas gracias por comentar.

      Responder
    • Núria
      Núria Dice:

      ¡Hola, Tania!

      Gracias por tu comentario y por compartir tu experiencia.
      Como dije en el email, Nadia y tú tenéis muchas cosas en común; así que, si os apetece, algún día podéis colaborar juntas.
      Sin duda alguna, muchas mujeres somos especialistas en que “no se nos note nada” de nuestro sufrimiento interno. Nos han educado muy bien para estar calladitas y hacer ver como si todo estuviera fantásticamente bien.
      Personalmente, yo no he profundizado demasiado en el eneagrama. Sé qué número soy y, la verdad, me describe a la perfección. Aunque no he ido más allá. Cuando llegue el momento, lo haré entonces.
      Un abrazo bien grande!

      Responder
  2. Eliana
    Eliana Dice:

    Nuria y Nadia quiero decirles que este post me ha fascinado, de hecho lo leí dos veces de tanto que me gustó, me sentí identificada en tantos párrafos que era como si el post estuviese escrito para mí. La verdad es que coincido con lo que ha desarrollado Nadia sobre el merecimiento, además me ha encantado eso de darle a la autoestima la figura literaria de luz, y es cierto, como no hemos encendido la luz de nuestra casa interna, entonces vamos por el mundo buscando la luz de alguien más para que nos alumbre, pero ocurre que por doquier hay oscuridad y culpamos a los demás por no llenarnos de esa luz que nosotros debemos encender. Aparte, eso de la culpa nos arrincona, nos aniquila y nos deja presos en tiempos que ya no existen, y que hermosa es la enfermedad y sus síntomas que nos hablan con ese amoroso lenguaje que solo el cuerpo sabe ofrecer para decirnos que algo adentro aún no sana.
    Recientemente Nuria fue invitada en mi blog en un proyecto que estoy llevando acabo este año titulado Mujeres que se aman, fue una entrevista preciosa y llena de mucha esencia femenina, esa que debemos esparcir por el mundo para que la mujer se empodere y comience a trabajar en su autoestima. Me encantaría Nadia fueses también invitada de mi blog el próximo año en un proyecto en el cual estoy trabajando desde ya, si estás interesada solo házmelo saber.
    Un gran abrazo a las dos y gracias por haber compartido un gran post como este.

    Responder
    • Núria
      Núria Dice:

      ¡Hola, Eliana!

      Me alegra mucho que te haya gustado el post de Nadia. Cuando lo leí la primera vez, a mí también me pareció muy acertado describir la autoestima como nuestra luz interna, esa que nos guía por el camino que debemos seguir.
      Con tu permiso, le daré tu email a Nadia para que, en el caso de que esté interesada en participar en tu proyecto del próximo año, se ponga en contacto contigo.
      Te mando un fuerte abrazo.

      Responder
    • Nadia
      Nadia Dice:

      Hola Eliana,

      Me alegro mucho de que te haya gustado. La verdad es que lo has sabido resumir todo en 3 líneas, ¡qué manera de captar mi mensaje! Muchas gracias por comentar y por invitarme a participar en tu blog, estaré encantadísima de hacerlo. ¡Vamos hablando! ¡Un abrazo!

      Responder
  3. Jordi
    Jordi Dice:

    Muchas gracias por tan interesante artículo y por compartir vuestras experiencias.
    A mi tampoco se me notaba nada, hasta que yo mismo me di cuenta de una parte oscura que estaba muy callada y una serie de experiencias la despertó.
    No es ni mucho menos agradable pasar por todo ello, pero la oportunidad de llegar a conocerse uno mismo de verdad y reparar nuestra autoestima, es tal muestra de amor hacia nosotros mismos, vale la alegría totalmente e intentarlo tantas veces como sea necesario.
    Conocer otras experiencias como esta, sin duda ayuda.

    Responder

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