6 pasos para liberar la tensión en tus cervicales

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La semana pasada te comenté que la tensión en el cuello está relacionada con querer mantener el control de las emociones. Por mucho que nosotras queramos, no podemos tenerlo todo bien atado y planificado; por lo tanto, para evitar frustraciones, lo mejor es cambiar nuestra actitud frente a ello. Una buena forma es tratar de liberar la tensión que hay en nuestras cervicales. Así, como cuerpo y mente forman un todo indivisible, con un cuello libre de tensiones, podemos preparar el terreno para aprender a fluir con los acontecimientos de la vida. Así pues, te presento un ejercicio de Terapia de Movimiento Libre dividido en 6 pasos que te ayudarán a ello.

1. Ponte de pie

Busca un lugar en el que te sientas cómoda y en el que sepas que nadie va a molestarte. Si es necesario, pide que te dejen unos instantes de soledad. Encuentra esos 15 minutos para ti.

Busca un lugar de la sala que te llame la atención: puede ser el centro, en un rincón, sobre la alfombra… Descálzate y quédate de pie.

2. Aposéntate sobre tus pies

Abre tus piernas a la anchura de las caderas. Fíjate en tus pies. ¿Están totalmente planos o el peso recae más sobre alguna de sus partes? Quizá tus puntas sostienen toda la tensión, quizá los talones, el lado derecho o el izquierdo.

Cuando te sientas conectada con ellos, reparte el peso a partes iguales. Para ello, levanta los dedos de los pies y sepáralos. Puede resultarte algo difícil si no estás acostumbrada a este movimiento. Pero no te preocupes, hazlo hasta donde puedas. Manteniendo esta separación en los dedos, colócalos sobre el suelo, empezando por el meñique hasta el dedo gordo, uno por uno.

Con los dedos expandidos en el suelo, como un abanico abierto, tómate unos instantes para observar tus pies.

3. Deja que todo tu peso recaiga sobre tus plantas

Ahora haz un recorrido por todo tu cuerpo, empezado por abajo. Tienes que tratar que no haya ningún punto de tensión. Si lo hay o hay algún lugar donde estás sosteniendo los músulos, llévalo hasta los pies. Deja que todo recaiga sobre tus plantas, tus raíces.

Empieza el recorrido por tus piernas; deja que las rodillas estén ligeramente dobladas, ni muy dobladas ni totalmente rectas, busca el punto intermedio donde las sientas liberadas de tensión. Fíjate en tu cadera, balancéala adelante y atrás para buscar el punto donde no esté soportando ningún peso. Mantén el tronco erguido, con el pecho abierto. Estira y ensancha tu columna vertebral. Deja que tus hombros y brazos caigan hacia el suelo, ningún peso sobre los hombros. Detente aquí y obsérvate. Sin juzgarte.

Puede que te cueste descargar la tensión en tus pies. Es totalmente lícito, ya que no estamos acostumbradas a ello. No te frustres si eso ocurre; toma nota mental y sigue intentándolo las veces que quieras.

4. Observa tus cervicales y cabeza

Por último, fíjate en tus cervicales y tu cabeza. Fíjate en las sensaciones que hay en ellas. ¿Las sientes comprimidas, hay dolor, están acortadas o quizá no notas nada? ¿Cómo es la postura de tu cabeza? Puede que esté hacia adelante, atrás o en el centro. No trates de cambiar su postura.

Y observa, también, si aparece alguna emoción en este momento.

5. Libera el atlas

Cuando te sientas preparada, trata que tus cervicales se alineen con tu columna vertebral. Centra la cabeza. En esta posición, acerca sutilmente tu barbilla hacia el pecho, de forma que sientas que la primera cervical, el atlas, se despega de la nuca. Es un movimiento muy leve, pero con el que el atlas se hace presente. Fíjate en esa zona en concreto. Toma conciencia de esta vertebra.

Lentamente, muy lentamente, empieza a dar círculos con tu cabeza desde el atlas. Con estos movimientos, busca liberar la tensión del cuello. Para ello, toma total conciencia del movimiento y de los cambios que se están produciendo con él. Si, en algún momento, atraviesas por algún punto que te duele o te molesta especialmente, permítete soltar un “aaaahhhh” o un “mmmmm.” Haz lo mismo hacia el otro lado. Por último, vuelve a tu posición central, tratando de mantener la abertura en la zona del atlas.

6. Dirige tus movimientos desde la primera vértebra

Este último paso es para sacar notaza. Si no te sientes preparada, puedes quedarte en el paso anterior.

Mantén la mirada hacia el infinito, tanto si tienes los ojos abiertos como si los tienes cerrados. Poco a poco, en contacto con el atlas, empieza a andar. Intenta que sea esta zona, la primera vertebra, la que dirija el movimiento. Si, por ejemplo, quieres ir hacia la derecha, haz que el giro empiece por tu cabeza y el cuerpo siga. Sólo tienes que procurar mantener el contacto con el atlas y poner la intención de que sea él el que dirija tus movimientos.

Fíjate también en cómo te sientes con esta forma de desplazarte. ¿Crees que es natural o te resulta complicado? ¿Te sientes llena de gracia o pareces un pato mareado? ¿Te sientes libre o constreñida?

Por último, vuelve a la sala en la que te encuentras. Dirige tu atención hacia el exterior. Escucha los ruidos que vienen desde fuera, siente la temperatura del lugar, la luz y la sombra. Prepárate para volver a tus actividades cotidianas manteniendo esa conexión con el atlas.

Si te apetece hacer este ejercicio, tienes dos opciones. Puedes releer el artículo y concentrarte para recordar todos los pasos. O bien puedes permitir que sea mi voz la que te guíe, de forma que sólo tengas que concentrarte en sentir tu cuerpo al máximo. Para ello, he preparado este audio con las instrucciones.

Si quieres recibir más ejercicios como éste, hazte amiga mía apuntándote a la lista de correo. Si lo haces, te mandaré un regalo de bienvenida en forma de meditación en movimiento.

¿Me cuentas en los comentarios cómo te ha resultado dirigir tu cuerpo desde el atlas? Me encantará que me expliques tu experiencia.

Música: Chris Zabriskie.

Foto: Fabio Rose para Unsplash.

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14 comentarios
  1. lola
    lola Dice:

    Creo que es fundamental tomar consciència del cuerpo y conectar con nuestras raices.
    Las mujeres tenemos mas tendencia a cargar la zona cervical.
    Estos ejercicios son muy validos.
    Muchas gracias.

    Responder
    • Núria
      Núria Dice:

      Hola, Pilar!

      Me alegro que te haya gustado el ejercicio. Para conocer más, tienes que apuntarte a la lista de correo desde el enlace del artículo, aunque ya he visto que te has inscrito correctamente. Mañana lunes recibirás el mail de bienvenida con un regalo.

      Un abrazo!

      Responder
  2. Beatriz
    Beatriz Dice:

    Hola Nuria, muy interesante.
    Notaba dolor desde hace un tiempo en el cuello a ratos y al hacer el ejercicio he notado la tensión tan grande que acumulaba en él. Al acabar lo noto mejor. Seguiré practicando.
    Muchas gracias.

    Responder
    • Núria
      Núria Dice:

      ¡Hola, Beatriz!

      Me alegra que te haya servido el ejercicio. Como comentas, muchas veces no notamos la tensión hasta que movemos el cuerpo. Por eso, es normal que, a veces, después de hacer los ejercicios, te duela mal y te sientas peor. No obstante, al hacerla presente, podemos conseguir reducirla.
      Un abrazo.

      Responder
  3. Denisse
    Denisse Dice:

    Hola Nuria, me ha gustado mucho el ejercicio, solo que en un momento me costaba liberar la tensión de la pierna derecha y estaba rigida, luego temblaba. ¿alguna recomendación?

    Responder
    • Núria
      Núria Dice:

      ¡Hola, Denisse!

      Gracias por compartir tu experiencia.
      Para liberar la tensión en las piernas, puedes probar dos cosas:
      1. Sacúdela o da patadas suaves hacia adelante, hacia el lado y hacia atrás.
      2. Practica un enraizamiento. Lo tienes en este artículo: http://laescritoradetuvida.com/como-dejar-de-pensar/

      En cualquier caso, está muy bien que te tiemble, ya que eso significa que la energía vital se ha movilizado. Lo ideal sería que consiguieras que ese temblor fuera capaz de llegar hasta tu cabeza (aunque esto requiere bastante práctica. No te preocupes si no lo consigues).
      Espero que te sirva.
      Un abrazo!

      Responder
  4. Alejandra Randazzo
    Alejandra Randazzo Dice:

    Hola, hice el ejercicio me dolió el hombro izquierdo y el cuello, sentí una sensación fuerte en pecho y garganta, lo volveré a hacer , quede con menos presión en el cuello pero no dejo de doler, muchas gracias!!!

    Responder
    • Núria
      Núria Dice:

      ¡Hola, Alejandra!

      Gracias por compartir tu experiencia.
      Con estos ejercicios, es normal que a veces te siga doliendo, ya que intensifican la tensión.
      Para próximas veces, trata de conectar con tus emociones cuando estés en el ejercicio y mira a ver si puedes dejarlas salir. Si lo consigues, es posible que el dolor acabe desapareciendo al cabo de un rato o de unos días.
      Un abrazo!

      Responder

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