La relación entre cuerpo y emociones

emociones

¿Has notado que cuando llevas una temporada de mucho estrés empieza a dolerte la espalda? ¿Te duele la cabeza después de una discusión con tu pareja? ¿Te levantas por la mañana con fuerte dolor en las mandíbulas? ¿Llegas extremadamente cansada a casa después de trabajar? Es posible que el origen de este malestar se deba a una emoción reprimida. Una emoción que has vivido a lo largo del día pero que has evitado expresar. La mayoría de veces esto se hace de forma inconsciente. ¿Quieres saber cómo? La mejor manera de explicarlo es con un ejemplo.

Imagina que tu jefe empieza a gritarte en medio de la oficina porque, según él, has hecho mal el informe que te pidió ayer por la tarde. Tú estás segura de haber seguido pauta por pauta todas sus indicaciones porque sabes que es bastante pejiguero. Sabes que has hecho bien el trabajo. Pero él no quiere bajarse del burro.

Tú te enfadas. Te dan ganas de darle cuatro gritos y, quizá, marcharte por la puerta grande. Así que tu cuerpo empieza a mandar energía a la parte alta: brazos, pecho, garganta y cabeza. Es ahí donde necesita la fuerza para defenderse. Ante un enfado, necesitas fuerza para golpear y gritar.

Esto puede parecerte raro, pero piensa que nuestro cuerpo evolucionó muchos años atrás. Sus mecanismos fueron programados adaptándose a aquella época. Los enfados de nuestros antepasados probablemente se producían cuando alguien trataba de introducirse en su territorio. Así que su única forma de defenderse era golpear y gritar para mostrar su fuerza y superioridad. Por lo tanto, necesitaban energía en la parte alta del cuerpo.

Pero no vivimos en la prehistoria. Y, por mucho que queramos, no podemos empezar a pegar y gritar a nuestro jefe. No si queremos conservar el trabajo y no acabar con una denuncia. Así que tenemos que adaptarnos y callarnos las ganas de decirle que es un imbécil. La única forma de hacerlo es reprimir la energía del cuerpo.

Hay muchas maneras de bloquear la energía. Cada persona tiene sus propios mecanismos que fueron aprehendidos en la infancia según sus experiencias vitales. Después de tantos años, los hacemos de forma inconsciente y mecánica. Hay personas que tensan la garganta y los brazos. Las hay que hinchan el pecho. Otras agachan la cabeza y enmudecen. Haciendo esto, conseguimos reprimir la sensibilidad de la zona, de manera que dejamos de sentir la emoción.

Ante la situación con tu jefe, tú también activas tu propio mecanismo para reprimir la energía. Sin percibir cómo tensas los músculos para hacerlo. Hasta que al volver a casa después de tu dura jornada de trabajo, te das cuenta de que te duele la cabeza. O las mandíbulas. O sientes tensión en los hombros. Al reprimir el enfado, la energía se ha quedado bloqueada en la parte superior. El cuerpo te avisa de ello con dolor y tensión.

Muchas de nosotras no sabemos relacionar este dolor con el enfado reprimido. Así que seguiremos reprimiendo todos los enfados hasta que el cuerpo mande una señal más fuerte. Una señal que puede venir en forma de enfermedad. Porque esa es la única manera que tiene el cuerpo de avisarnos de nuestras emociones. Con sensaciones, dolor o, a veces, enfermedad. Si no le hacemos caso, cada vez nos manda una señal más fuerte.

Hacer terapia corporal nos permite fijarnos en todo esto. Mediante los ejercicios de contacto con nuestro cuerpo, podemos ver de qué manera reaccionamos a diferentes estímulos y aprender a encontrar formas más saludables de actuar. Por ejemplo, una persona que haya trabajado con su cuerpo, ante la discusión con su jefe, podría haber ido al baño y meter un grito. O podría haber golpeado unos cojines al llegar a casa. O podría haber mordido un trozo de tela gruesa. O, quizá, tendría mecanismos para dar su opinión de forma asertiva. Hubiera buscado su mecanismo para dejar salir la emoción que, en definitiva, es lo que nuestro cuerpo quiere que hagamos.

La terapia corporal nos permite reconocer nuestras emociones, aceptarlas y buscar formas saludables de sacarlas al exterior. Esto es lo que yo trabajo con La escritora de tu vida.

Si quieres saber cómo tu cuerpo reacciona a las emociones, apúntate a la lista de correo. El próximo jueves mandaré un audio con el que podrás experimentarlo tú misma. Sólo lo mandaré a las personas suscritas.

Ahora es tu turno. Cuéntame cómo vives las emociones. ¿Te cuesta sentirte enfadada, triste, alegre…? ¿Sabes si esto te afecta de alguna manera?

Foto: Austin Schmid para Unsplash.

Descubre los 5 errores que cometes cuando te adentras en el autoconocimiento

Y el curso gratuito Primeros pasos para escuchar tu cuerpo con ejercicios para gestionar tus emociones y aliviar tus malestares corporales

Guardar

Guardar

Guardar

2 comentarios
  1. Antonia
    Antonia Dice:

    cuando alguien reacciona de una manera que yo no espero
    soy incapaz de decir lo que pienso e ese momento y enmudezco de ra bia.

    Responder
    • Núria
      Núria Dice:

      Entiendo perfectamente lo que dices, Antonia. La rabia es una emoción que suele causar muchas incomodidades, ya sea porque se reprime (como es tu caso y también el mío) o porque se desborda (esas personas que se enfadan y empiezan a gritar, dar golpes, etc.) Sin embargo, cuando nos la trabajamos, podemos descubrir que es una de las emociones más poderosas que existe. Es el motor que nos permite hacer cambios.
      Te pondré un ejemplo propio. La mayoría de trabajos que he tenido en mi vida no me han gustado (he sido, fundamentalmente, teleoperadora y dependienta). Como no estaba bien en esos sitios, muchas veces llegaba a casa enfadada (con clientes, con jefes…) Al final, después de un tiempo de trabajo interior, descubrí que, en lugar de enfadarme, era mejor utilizar esa energía para crear un trabajo que se adaptara a mí y me gustara. Así fue como saqué adelante La escritora de tu vida. Todo empezó porque me daba rabia trabajar en algo que no me gustaba 🙂

      Responder

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *