El secreto que solo algunos terapeutas conocemos

En las terapias occidentales, hay un gran olvidado. Y es ese olvido el que, a mi parecer, ralentiza algunos procesos terapéuticos. Algunas personas podrían sanar sus heridas antes si incluyeran este elemento al principio de su andadura en el autoconocimiento.

Estoy hablando del cuerpo. Tanto clientes como terapeutas tenemos que escuchar las sensaciones corporales.

Algunos autores de Occidente, como Alexander Lowen con el Análisis Bioenergético, sí han estudiado cómo usar el cuerpo dentro del marco en la terapia. Sin embargo, la mayoría de corrientes psicológicas se basan en el estudio de la mente.

Pero cuerpo y mente son lo mismo. No hay uno sin otro. El uno puede afectar al otro, y viceversa. No obstante, considero que sentir la corporalidad nos hace llegar más profundo y rápido que la terapia basada en lo mental. El cuerpo habla claro, solo hay que comprender su lenguaje y prestarle atención.

En este artículo, voy a explicar qué puntos podemos descubrir si invitamos al cuerpo dentro del espacio terapéutico.

En el cuerpo, están las emociones

He hablado de este punto en otros artículos del blog, así que lo voy a resumir.

Las emociones son reacciones corporales a las situaciones cotidianas que se nos presentan en la vida.

Por ejemplo, la tristeza aparece en forma de lágrimas. Pero, además, “pide” que nos hagamos una bolita en el sofá o nos quedemos en posición fetal, quiere que nos recojamos hacia adentro.

Si tu actitud o la de tu paciente es muy diferente, hay una mala gestión del sentimiento. Es decir, si una persona pone el pecho duro o sigue con la rapidez del día a día para no llorar, estará reprimiendo la emoción.

Y la represión emocional no lleva a un buen lugar.

En el cuerpo, está la herida emocional

En la mayoría de los casos, hay que buscar cuál es la herida primigenia del consultante; en qué momento o situación hubo un malestar tan estresante que no lo soportó y se defendió.

En definitiva, hay que buscar cómo aprendió a suprimir los sentimientos.

En la mayoría de los casos, esa represión sucedió en la infancia. Aunque no siempre es así.

Cuando eres terapeuta corporal, sabes que esa defensa se hace con una postura. Por eso, conoces qué tipo de cuerpos hay y cuál es la herida emocional que carga cada uno.

No es lo mismo un cuerpo flaco y lánguido, que otro ancho y duro. El primero mostrará una herida de falta de afecto y nutrición amorosa en los primeros meses de vida. El segundo hablará de un conflicto de independencia, límites y autonomía personal.

En el cuerpo, sientes los conflictos. No los razonas

Muchas personas llegan a mis sesiones contándome que ya saben lo que les ocurre: papá o mamá hicieron o no hicieron tal cosa y eso les provoca dificultades en la actualidad.

Muchas veces lo han aprendido tras años de terapia hablada. Ante esto, acostumbro a decir que los hechos no importan.

Lo esencial para que haya un cambio real es vivir los sentimientos que quedaron reprimidos.

La cabeza (o la mente) sostiene cualquier conflicto. Por ejemplo, el cliente podrá encontrar los motivos y convencerse de que ha perdonado a sus cuidadores. El problema será que eso no va a transformar nada en su vida actual.

Al entrar en contacto con el cuerpo, surgirá la rabia, la tristeza o el miedo que sintió siendo una criatura. Eso es lo que hay que trabajar, hay que liberarlo y gestionarlo.

Cuando la herida sane, perdonará de corazón o le importará un pimiento lo del perdón.

En el cuerpo, las mentiras no se mantienen

Hay personas que, para defenderse de una herida, se cuentan una historia que nada tiene que ver con el conflicto original. Por supuesto, es un proceso inconsciente.

Como terapeuta, lo puedes ver con el lenguaje corporal. Si alguien te dice que el problema está solucionado mientras cruza los brazos o hunde el pecho, tienes señales de que la cuestión no está tan sanada.

En ese caso, conduzco a la persona hacia el cuerpo para que pueda experimentar el problema desde ahí. A veces, los resultados sorprenden.

Por ejemplo, una vez hice una sesión con una chica que venía a consultar por su colon irritable. Indagando en sus razones emocionales, ella creía que esa era la forma que tenía su cuerpo para no mantener relaciones con hombres.

En su discurso, mencionaba el concepto de estar “encerrada” a menudo. Usé mi intuición y la llevé a vivir ese encierro en su cuerpo.

Después, al desgranar su experiencia, reconoció que la relación en la que se sentía encerrada era la que mantenía con su madre. Las molestias en su colon eran la manifestación de ese encarcelamiento.

Con tu cuerpo, entiendes a tus pacientes

Todo el mundo tiene un cuerpo que percibe frente a la realidad. Hasta ahora, hemos repasado cómo el cuerpo de tus clientes puede ayudaros a construir el proceso terapéutico.

Pero tú también tienes un cuerpo que reaccionará a las situaciones que se presenten en la sesión.

Si conoces tu lenguaje corporal, podrás aprovechar esos sentimientos a favor del paciente.

Hace tiempo trabajé con una clienta muy especial. En un principio, ella inició las sesiones porque sufría ansiedad por una gran represión emocional.

Desde la primera sesión con ella, mi cuerpo se llenaba muchos escalofríos. Por mi herida emocional, sé que los escalofríos se me presentan cuando hay un tema relacionado con la muerte en la etapa pre-natal. Así era en su caso.

Por eso, al compartir mis sensaciones con ella, quedó claro por qué había decidido reprimir sus emociones. Así, en lugar de irnos por las ramas, fuimos a la raíz del conflicto.

En la última sesión, compartiendo todo el trabajo con ella, hablamos de la muerte. Y yo no sentí escalofríos. La herida había sanado. Así lo percibimos ella y yo. En ese encuentro, decidimos que su proceso había terminado.

Como ves, el cuerpo puede darte mucha información dentro del marco terapéutico. Pero esto es solo lo general. Sin embargo, cuando tienes la información teórica y la experiencia personal de escuchar a tu cuerpo, tus sesiones alcanzan un nivel de profundidad al que nunca antes habías llegado.

Me apena que todos estos recursos se pasen por alto cuando se trabaja solo con la mente.

Por eso, he decidido celebrar el evento gratuito gratuito Aprende a liberar tu estrés (y el de tus pacientes) con terapia corporal

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