El momento en que descubrí la serenidad

Me siento a escribir un artículo por primera vez en mucho tiempo. No estaba planeado que fuera así. Hoy, 15 de agosto, mi agenda marcaba 2 tareas: registrar facturas recibidas julio y grabar video congreso septiembre.

Pero al terminar de desayunar, ha surgido la primera frase en mi cabeza. He sabido que era la señal de abrir el Word para mecerme con las teclas del ordenador.

Este verano ha sido intenso para mí. Los 3 eclipses me han tocado de cerca y me han ayudado a acelerar cuestiones que estaban, existían en mí, aunque todavía no tenían salida.

Sin embargo, no solo los fenómenos del cielo me han tocado en lo profundo. También ha sido mi retiro de meditación Vipassana (del que hablaré otro día) y el pasarme 2 semanas en casa casi sin pensar en La escritora.

Necesitaba parar y, a pesar de que había una cierta angustia de “si no trabajo, no gano el dinero que necesito”, he decidido confiar en la sabiduría de mi cuerpo; que me pedía a gritos unas buenas vacaciones desde junio.

4 semanas. Creo que desde 2012 no he estado tanto tiempo parada.

Me detengo aquí y pienso: ¿les estoy contando cosas interesantes? ¿O es solo un desahogo que bien podría estar en mi diario?

Necesito contártelo. Por eso estoy aquí, aunque este no vaya a ser un artículo práctico con ejercicios o reflexiones sobre el dolor y las emociones.

Nos imagino juntas, sentadas en un bar, tomando un café (yo pediría un poleo menta), poniéndonos al día tras el verano. Como dos amigas de esas que comparten vulnerabilidades, que se dejan ser tal como son.

Con esa escena en mi cabeza, hay algo que quiero decirte.

Estoy diferente. He cambiado. Ya no soy la misma Nuria que dejaste de ver en julio.

Estoy más sosegada, más tranquila, más confiada. Ya no me persiguen los demonios de los últimos meses. Por fin las piezas han encajado.

Por fuera, el cambio todavía no se ha manifestado. Pero sé que pronto lo hará.

El primer paso será cambiar de pueblo y hogar. Cuando salga publicado este artículo, quedará poco para que empiece la mudanza que tanto deseamos en casa.

Y lo demás irá viniendo en los próximos meses. Porque, como todo lo trascendente, las manifestaciones en el mundo se tomarán su tiempo. No creo en los cambios profundos de un día para otro.

Tú verás una parte de esta transformación, porque hay acciones que incumben directamente a esta página web. Pero no me apetece hablarte de esto hoy. Te lo contaré cuando llegue el momento.

No nos adelantemos. Vivamos lo que ahora está aquí.

Y lo que ahora está aquí, lo que puedo poner en palabras, es contarte de dónde viene este sosiego interior que ahora siento.

Lo primero es saber que tengo los deberes hechos, que he trabajado todos los obstáculos y miedos que se me han ido presentando en los últimos tiempos.

Unos obstáculos y miedos que estaban relacionados con la forma de valorarme, sobre todo de valorar mi trabajo.

Me ha costado mucho tiempo darme cuenta de cuán transformador puede ser compartir mis conocimientos con otras personas. He necesitado ver cómo muchos de mis clientes han cambiado para reconocer que mi tiempo y energía merecen la pena.

He necesitado que ellas y ellos se abran ante mí, que atraviesen sus profundidades conmigo, para sentir que no estoy vendiendo humo.

Que lo que hago es real, que no es una historia que me he montado yo solita.

Al teclear el anterior párrafo, han aparecido las mujeres y los hombres con los que trabajo o he trabajado. Y me he emocionado, algunas lágrimas han humedecido mis ojos. Les estoy inmensamente agradecida. Sin ellos, este cambio que ahora vivo no existiría.

Sin su presencia, sin su valentía, yo no habría sanado la herida de mi minusvaloración.

Salto en el tiempo. Ahora es 29 de agosto.

Dejé este artículo a medias hace un par de semanas y hoy lo he releído. Me gusta cómo estaba quedando, aunque también es cierto que no tengo el mismo ánimo.

Mis hormonas están diferentes. Hoy estoy en mi tercer día de menstruación. Cuando lo empecé, acababa de ovular.

Hoy hay un poquito más de oscuridad en mí, pero repasar el escrito de mi ovulatoria me ha recordado que también hay luz en mi camino.

Es curioso cómo la vida te pone por delante lo que necesitas. Vuelvo a lo que te estaba contando para explicarte una prueba que he tenido que atravesar:

He necesitado que ellas y ellos se abran ante mí, que atraviesen sus profundidades conmigo, para sentir que no estoy vendiendo humo. Que lo que hago es real, que no es una historia que me he montado yo solita. (…)

Sin su presencia, sin su valentía, yo no habría sanado la herida de mi minusvaloración.

Cuando escribí esto el 15 de agosto, todavía no me había encontrado con el rechazo por una persona muy cercana y muy querida.

En mi familia, siempre me han apoyado con el emprendimiento. Algunos de forma más explícita y otros observándolo de lejos, sin comentar demasiado. Yo tampoco daba demasiadas explicaciones.

Hace una semana, un familiar de estos que observan de lejos, me preguntó exactamente a qué me dedicaba. El diálogo fue así:

  • Ayudo a personas con dolor físico a descubrir la raíz emocional de ese malestar.
  • ¿Cobras por ello?
  • Sí.

Me respondió que iba de curandera, que soy una vendehúmos; que me pusiera a recoger patatas o me buscara un trabajo de secretaria.

Sentí una mezcla de emociones que tardé un buen rato en descifrar. La más presente fue la compasión por mi familiar, por su visión del mundo; un mundo hostil, muy diferente al mío.

No traté de explicarle más, de hacerle entender mi punto de vista, ni quise defender mi trabajo. Comprendí el porqué de su respuesta y supe que era suya, que nada tenía que ver conmigo.

Mi reacción no hubiera sido posible sin el trabajo interno de los últimos meses. Probablemente, me habría enfadado y habríamos terminado peleados.

¿Te ha pasado alguna vez? ¿Te han dicho algo que podría haberte enfadado y has sabido ver que ese comentario no iba contigo?

Te propongo este pequeño ejercicio.

La próxima vez que alguien te haga un comentario hiriente, reflexiona sobre esa persona.

¿Qué tipo de vida lleva? ¿Qué creencias tiene? ¿Qué parte de ella es la que está hablando? ¿Puedes comprender que mantenga esos pensamientos con su forma de entender el mundo?

Si consigues ver su realidad, trata de convertir tu enfado en compasión. Y nota la serenidad que da la compasión. Una serenidad que no te obliga a reaccionar.

Ojalá lo experimentes. No se me ocurre una mejor forma de ser feliz.

Si no alcanzas a vivir la compasión, pregúntate qué están diciendo sobre ti esos comentarios.

Este es mi regalo para ti hoy.

Aquí me detengo ya. Tras esta infusión que hemos compartido, voy a coger el tren camino a casa. Tengo cajas que llenar y montones de objetos por tirar. Quiero mudarme con lo mínimo, quiero eliminar de mi vida todo lo superfluo.

Solo quiero que sepas que estoy aquí. He vuelto. Me tienes al otro lado. Te iré desvelando las novedades de esta temporada a medida que vayan surgiendo. Gracias por esperarme.

Antes de que me marche, cuéntame. ¿Cómo han sido estas semanas para ti? ¿Han sido tan movidas como las mías? ¿Qué has aprendido este verano/invierno? Me encantará recibir noticias tuyas en los comentarios.

9 comentarios
  1. Maruja
    Maruja Dice:

    Hola Nuria!
    Es genial que hayas vuelto y sobre todo tan cambiada. Me ha encantado lo que has contado. Has ido un paso mas alla de simplemente respetar al otro y sus ideas, te has puesto en su lugar y lo has comprendido como su respuesta al mundo , que no tiene que ser la tuya. Genial.
    Yo sigo liada “poniendome en orden”. Intentando que las piezas encajen, intentando quitarme lo que no me ayuda y quedandome con lo que si. Quitandome lastre. Como diria Hana Kanjaa, echando fuera las “creencias limitantes”, que tengo unas cuantas….
    No esta siendo facil, pero voy poco a poco sitiendome mas ligera, con menos carga, y mi espalda lo esta notando (adivina quien me ha ayudado con esto…, jeje).
    Asi que deseando recibir tus emails y seguir en contacto.
    Un abrazo muy fuerte
    PD: yo tambien me hubiera pedido un menta-poleo!

    Responder
    • Núria
      Núria Dice:

      ¡Hola, Maruja!
      Qué bien leerte por aquí.
      Muchas gracias por tus palabras y por compartirte.
      Me alegra que sigas poniéndote en orden y echando fuera las creencias limitantes. He podido presenciarlo, así que sé que estás haciendo un trabajo interno maravilloso. Muy bonito, del que me alegra haber formado parte.
      Sigue, sigue creciendo y liberándote de cargas.
      Un abrazo enorme, compañera de infusiones 🙂

      Responder
  2. Elisa Tarilonte
    Elisa Tarilonte Dice:

    Nuria, que bueno leerte.

    Lo primero decirte que me siento totalmente identificada en el sentimiento de verte afectada por los eclipses, yo tambien he podido sentir esa conexion profunda y además con ese permiso de que la vida me transforme resultando en sentir como esas piezas van encajando.

    Seguramente sea debido a que hemos compartido parte del camino, y desde aquí, de nuevo, darte las gracias. Sabes que ahora eres parte de mi camino.

    Lo siguiente, sobre ese familiar… Quien sabe que parte de el ha tocado tu trabajo, tu presencia, tu esencia… Seguro necesita defenderse, y seguro tu necesitabas ese “ataque” para llevar mas lejos tus raíces. Como tu me dirias… Esta bien 🙂

    Un abrazo enorme y bienvenida. Me encanta verte en mi bandeja de entrada 🙂

    Responder
    • Núria
      Núria Dice:

      Hola, Elisa
      Muchas gracias por tus palabras y por devolverme lo que yo diría. A veces es difícil decírselo a una misma, ya lo sabes.
      Yo hace poquito que he descubierto la astrología, pero me ha encajado bastante. No sabía que tú también estabas al tanto de estos temas.
      Y, sí, yo necesitaba el ataque de mi familiar para crecer, para seguir confiando.
      Un abrazo enorme para ti también. Seguimos adelante, compartiendo camino 🙂

      Responder
  3. Isabel
    Isabel Dice:

    Qué alegría tenerte de vuelta Nuria 😀 Me ha encantado leerte después de este verano de aprendizajes y re-afirmaciones ^^
    La conversación que has tenido con tu familiar me ha recordado mucho a la “prueba de fuego” que pasé en julio con mi madre en casa una semana. Cada día me soltaba alguna. Con las primeras saltaba y mostraba toda mi cólera. Luego opté por callar e irme a otra habitación a respirar tranquila. No lograba entender por qué me atacaba de esa manera y con tan mala leche.
    Un día la llevé a mi naturópata porque quería una consulta con ella. Y ya cuando se marchó volví yo sola a verla. Me dijo que entendía por qué me pesaba tanto mi madre. Le conté todos los “ataques” de esa semana y, oh, sorpresa, ¡extrapolaba en mí su propio malestar! Yo estaba tan obcecada en el “jo pero por qué me trata tan mal” que no veía el trasfondo, que es ella la que se siente mal, que se trata mal y que inconscientemente lo vuelca en mí. ¡Qué paz sentí al comprender esto! Me acerqué a esa compasión de la que hablas. Me queda aprender a reconocerlo en en momento en que ocurre.
    Este verano lo he dedicado a leer mucho sobre el budismo (voy a mirar con más detalle lo del vipassana, de momento me había centrado en el zen). Y en los últimos días estoy profundizando en el eneagrama. Descubriendo de dónde vienen mis mecanismos de defensa, qué miedos oculto y qué herida infantil me toca sanar. Me ha emocionado muchísimo trabajar sobre esto y encontrar explicación a esas cosas tan mías que me daban rabia porque no entendía por qué ocurrían. Ahora que sé por qué ocurren las acepto mejor. Me siento encajando las piezas de mi propio puzzle 🙂
    Un abrazo muy fuerte y ¡encantada de volver a leerte!
    PD: Me has recordado a mi propia mudanza de hace unos meses: también aproveché para deshacerme de todo lo que no quería que formara ya parte de mi vida. Me traje algunas “cosas dudosas” que sé que también se irán cuando sea su momento. Y me sentí la mar de ligera dejando atrás lo que ya no iba conmigo.

    Responder
    • Núria
      Núria Dice:

      ¡Hola, Isabel!

      Qué alegría leerte 🙂
      Comprendo lo que dices de tu madre. En mi caso, durante mucho tiempo, tampoco entendía el comportamiento de mi familiar ni el porqué de ciertos comentarios suyos. Al igual que tú con tu naturópata, yo también necesité una terapeuta que me ayudara a ver el dolor que vivía él. Y de ahí nació la compasión.

      Bajo mi perspectiva, cuando tienes ese momento de lucidez donde comprendes a esa persona, es mucho más fácil que aparezca la compasión en los momentos “de estrés” con él/ella.

      Qué ilusión que sigas creciendo, aprendiendo sobre ti misma y formándote para esa idea tan maravillosa (y tan tuya) que tienes 😉 Me encanta ver crecer esa semilla desde la distancia.

      En un par de semanas, hablaré sobre el Vipassana, así podrás saber cómo es la experiencia.

      Para la mudanza, yo dudaba sobre si tirar los diarios de los últimos años o llevármelos. He estado a punto de tirarlos, pero se me ha ocurrido una idea mejor con ellos… ¡escribir un libro! Queda tiempo para este proyecto, pero al menos me ayudó a decidir qué hacer con los diaros jeje.

      Te abrazo.

      Responder
  4. Alicia González
    Alicia González Dice:

    Hola Núria,

    No podía dejar de comentar un artículo tan íntimo y honesto como el que nos has compartido.

    Me alegra infinito que te sientes más serena y segura porque eso implica aprendizajes y evolución interior, y eso, en ningún caso, puede ser negativo, sino todo lo contrario.

    Te escribo este comentario tan sólo 3 días después de presentar mi nueva página web. Este también ha sido un verano de lo más intenso y movidito para mí, y coincidimos en época de mudanzas, ya que dentro de tres semanas yo también me mudaré de hogar y de ciudad.

    Sigo al otro lado, con muchísimas ganas de ir sabiendo más y de compartir contigo esta nueva temporada de La escritora.

    Te mando un abrazo con todo mi cariño, Núria. Seguimos leyéndonos!

    Ali

    Responder
    • Núria
      Núria Dice:

      ¡Hola, Ali!

      Muchas gracias por tu comentario y por compartirte también.
      Enhorabuena por el estreno de tu web, que he visto, y que te ha quedado maravillosa. Te deseo mucho éxito en esta nueva etapa que abres.
      Me alegra mucho que estés en una etapa movida porque, aunque a veces los movimientos revuelven, estoy segura de que vas a saber abrazar el cambio 😉
      Nos seguimos la una a la otra.
      Te mando un abrazo enorme.

      Responder
  5. Laura
    Laura Dice:

    En algún momento llegué a experimentar los mismos sentimientos que tu describes Nuria, y es cierto que la compasión puede hacer milagros.
    Aceptar la perspectiva de cada uno, aunque no coincida con la nuestra, es una fuente de liberación imensa.
    Un abrazo,
    Laura

    Responder

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *