El poder del voluntariado como herramienta de autoconocimiento

Hace poco más de 3 años decidí cumplir uno de esos sueños que se quedan aparcados durante mucho tiempo en el cajón de las ilusiones: hacer un voluntariado internacional.

El 2 de septiembre de 2014 pisé por primera vez la isla de Lamu, en Kenia, para colaborar durante 3 semanas en un proyecto de empoderamiento de la mujer. Lo que no podía imaginar en ese momento era que el voluntariado me iba a cambiar la vida y que me iba a poner del revés de arriba abajo.

Lo que tenía que ser una experiencia puntual durante mis vacaciones, dio paso a una experiencia más larga, intensa y enriquecedora. Acepté la propuesta de la organización de volver al año siguiente como coordinadora del proyecto y pasé el año 2015 viviendo y trabajando en Lamu.

Aquel voluntariado de larga duración, además de ser una etapa increíble por todo lo que viví con aquellas mujeres y niños y por lo que compartí con todos los voluntarios que llegaban cada mes a poner su granito de arena por un mundo un poco más justo, fue toda una explosión personal.

Reconecté conmigo misma y descubrí aspectos de mí que desconocía. Mis prioridades y mi escala de valores se recolocaron, mis necesidades cambiaron (o quizás más bien se reajustaron) y, sin quererlo, me encontré con mi mejor versión.

En Barcelona vivía inmersa en mi rutina de trabajo, formación y vida personal. Todo satisfactorio, sí, pero sin espacios de encuentro conmigo misma que me permitieran mirarme con el detenimiento y calma que el autoconocimiento requiere.

Pero eso soy capaz de analizarlo ahora. Miro atrás y descubro que no echaba de menos esos momentos, no sentía que necesitara profundizar en mi misma. Pero hay vivencias que te transforman y que ponen al descubierto facetas nuevas de ti. Y no hay marcha atrás.

En mi caso, fue el voluntariado.

Un año me sirvió más para conocerme a mí misma que mis 31 años de vida anteriores. Y eso se debe, sin lugar a dudas, a la intensidad y a la pureza de la experiencia, al hecho de volver a la esencia del ser humano, a lo sencillo, y de vivir inmersa en una realidad que me dio un bofetón con la mano abierta en todos los sentidos.

  • Aprendí que soy mucho más fuerte de lo que creía
  • Redescubrí mi vocación y recordé cuánto me gusta trabajar con personas
  • Tomé conciencia de mis muchas limitaciones y defectos, pero también me sorprendí gratamente al ver todo lo que podía ofrecer y dar de mí
  • Aprendí a vivir lejos de muchas personas que quiero y a echarlas de menos con una sonrisa, sin que el apego físico me cortara las alas o me limitara
  • Conecté con la faceta más básica del ser humano y con la sencillez de la vida
  • Descubrí que vivía inmersa en una espiral perversa de necesidades creadas que no me satisfacían
  • Se abrió ante mí una nueva manera de vivir que me hacía y me sigue haciendo inmensamente feliz

Y es que un viaje puede ser una oportunidad de oro para el autoconocimiento; pero si hablamos de un viaje de voluntariado, el autoconocimiento no es una opción, es algo que se produce de manera inevitable.

Aunque suene a tópico, en un viaje solidario recibes mucho más de lo que das, y esto viene dado en gran medida por la huella que una experiencia de este tipo deja en tu yo más íntimo.

De hecho, no conozco a nadie a quien le haya dejado indiferente participar en un voluntariado, y el desarrollo personal que ha implicado la experiencia es casi siempre una de las razones más repetidas entre las viajeras solidarias.

Es innegable la fuerza del voluntariado como un potente agente de cambio social, pero cuando decides colaborar en un proyecto de cooperación, no sólo estás aportando tu tiempo y tu esfuerzo con el objetivo de conseguir un mundo mejor y más justo; sino que estás enfrentando (aunque sea inconscientemente) una oportunidad de cambio personal única.

Este proceso de transformación personal tiene como punto de partida el autoconocimiento, la prospección en la esfera más personal de una misma, lo que convierte a la experiencia solidaria en un agente de cambio personal además de social.

Teniendo en cuenta que los beneficios del autoconocimiento son innegables, emprender ese viaje hacia tu verdadero yo a través del voluntariado no hace más que sumar riqueza a ese camino de exploración y descubrimiento personal.

Autoconocimiento como base del cambio personal durante tu voluntariado

La intensidad y el carácter transformador del voluntariado hacen que esta experiencia tenga efectos multiplicadores sobre otros procesos de autoconocimiento.

Inevitablemente, se ponen en marcha mecanismos de crecimiento y desarrollo personal que tienen su base en el conocimiento de ti misma. No en vano, colaborar en un proyecto de cooperación e integrarte en realidades tan duras y distintas a la tuya, te enfrenta a ti y a quién realmente eres, a tu yo más íntimo, sin filtros.

Salir de tu zona de confort, ponerte frente a situaciones nuevas, vivir en contextos nada fáciles, convivir con personas que tienen vidas muy duras, explorar nuevas realidades… te hace replantearte muchas cosas, pero sobre todo te pone de frente contigo misma, con tus fortalezas y con tus debilidades, con tus defectos y con tus virtudes.

Y entonces sucede.

Te ves desde otro prisma, desde un punto de vista a través del que nunca te habías mirado.

Y no hay vuelta atrás.

El autoconocimiento, la toma de consciencia de quien realmente eres, hace acto de presencia de manera ineludible.

Recuerdo perfectamente las horas que pasé buscando proyectos en África en los que poder colaborar. Y no se me olvidará nunca el momento en el puse los pies por primera vez en Kenia y conocí a aquellas mujeres fuertes, heroínas de carne y hueso.

En aquel momento yo estaba pasando un momento personal complicado (o eso creía yo), pero cuando fui descubriendo las vidas y las historias de aquellas mujeres, no tuve más remedio que enfrentarme a mi propio egoísmo. No me quedó otra que asumir que me había comportado como una niña caprichosa que, al no tener problemas de verdad, se los inventa y hace una montaña de algo insignificante.

Y si eso no es autoconocimiento, ¿qué es?

¿O qué es sino darte cuenta de todos los prejuicios e ideas preconcebidas que llevabas en tu mochila?

¿No es acaso conocerte a ti misma descubrir que eres capaz de vivir sin todas tus comodidades sintiéndote plenamente feliz?

¿No es sorprenderte sentir admiración, en lugar de compasión, ante historias de vida duras y difíciles?

¿No es autoconocimiento el hecho de descubrir que no eres tan flexible como pensabas y que te cuesta convivir en un contexto muy distinto al tuyo?

Descubriéndote a través del voluntariado

Salir de tu zona de confort es una condición imprescindible para conocerte a ti misma, y un voluntariado implica necesariamente movernos muy lejos de esa posición de comodidad y seguridad. Las situaciones y realidades que se viven durante un viaje solidario suponen un cambio radical respecto a nuestro entorno y modo de vida, lo que conlleva que, además de pasar muchas cosas a tu alrededor, sucedan muchos cambios dentro de ti.

Te sorprendes de ti misma, tanto para bien como para mal: descubres rasgos de ti que no conocías y de las que te sientes orgullosa, otras no te gustan tanto y que anotas en tu lista mental de “aspectos a trabajar”. Y no me negarás que todo esto es un proceso de autoconocimiento muy profundo.

Todas, en mayor o menos medida y con más o menos consciencia, tenemos prejuicios y manías, cargamos con estereotipos e ideas preconcebidas, y hacemos juicios de valor.

Pero, por lo general, nunca los reconocemos. Al contrario. Nos consideramos personas flexibles, tolerantes y con la mente abierta. ¿Te imaginas lo que supone esto en una experiencia de voluntariado? Te voy a poner unos cuantos ejemplos:

  • Personas con actitudes y comentarios racistas.
  • Voluntarias que tienen muchísimas dificultades para adaptarse a la comida local.
  • Otras que no conciben que la comunidad local coma en el suelo y con las manos.
  • Personas que juzgan y condenan el modo de vestir de la cultura que les acoge.

Y podría seguir contándote muchas otras situaciones que he vivido (y que me han entristecido profundamente) durante mis años como voluntaria.

Suele ocurrir que esas mismas personas jamás hubieran reconocido viajar con esa mochila de prejuicios y problemas de convivencia y, una vez ya en terreno, la toma de conciencia es difícil. No se dan cuenta de que en realidad están frente a una oportunidad de oro para el autoconocimiento y la prospección personal, para enfrentarse a ellas mismas y reconocerse con aquello que detestan.

Eso sí, existe una condición indispensable para iniciar ese camino de autoconocimiento: es necesario un grado de madurez elevado para identificar y asumir los propios prejuicios, manías e ideas preconcebidas. Si eso ocurre y se está dispuesta a hacer ese trabajo personal, el grado de toma de conciencia del propio yo es alto e inmensamente enriquecedor.

Pero esto no es sólo aplicable a esas limitaciones y actitudes que no reconocemos en nosotras, que no sabíamos que teníamos, que no nos gustan o que incluso nos avergüenzan.

El sendero hacia ese descubrimiento de nosotras mismas es de doble sentido. De la misma manera que en una experiencia de voluntariado podemos topar de frente con esa parte más escondida y gris que todas tenemos, nuestras fortalezas también salen a la luz, potenciadas y con fuerza.

Y de nuevo quiero ponerte ejemplos de esto:

  • Personas que creían que no se iban a adaptar al nuevo entorno y que muestran una altísima flexibilidad y capacidad de adaptación.
  • Otras que se descubren indagando en las costumbres locales para entender la cultura que les acoge.
  • Voluntarias que se sorprenden cuando todas aquellas creencias y convicciones que tenían como absolutas e inamovibles se les derrumban gracias a una empatía que no sabían que tenían.

Esta es la otra cara de la moneda del proceso de autoconocimiento al que tu implicación en un proyecto de cooperación puede llevarte: descubrir en ti misma fortalezas y capacidades que desconocías y de las que te sientes totalmente orgullosa y quieres potenciar.

Es en esta explosión de autoconocimiento, en el descubrimiento de nuestras mejores y peores facetas, cuando la experiencia de voluntariado toma fuerza como agente de cambio personal, propiciando un cambio de mirada, no sólo hacia el mundo en el que vives, sino también hacia ti misma.

Se trata, en definitiva, de un proceso de crecimiento y desarrollo personal provocado por una experiencia que es lo suficientemente intensa y transformadora como para sacar lo bueno y lo no tan bueno que todas tenemos y que no siempre identificamos o reconocemos.

¿Y después?

Como ves, además de ser una experiencia a través de la que poner tu granito de arena para un mundo mejor y más justo, el voluntariado es una oportunidad increíble para el desarrollo personal.

Pero la experiencia en sí, las semanas o los meses que se prolongue tu colaboración en un proyecto de cooperación, es sólo el punto de partida, un primer paso en tu camino de autoconocimiento. Un camino que deberás de seguir andando si realmente quieres que ese trabajo personal que empezaste en algún rincón del mundo, de la mano de personas que te revolucionaron por dentro, sea realmente transformador y fructífero.

Porque de la misma manera que un contexto y una vivencia determinados pueden poner en marcha procesos de crecimiento personal, también pueden anularlos.

Es fácil, una vez vuelvas a casa, a la rutina, al estrés o al trabajo, desandar ese camino de autoconocimiento que empezaste; volver a estar absorbida por las prisas, el reloj y las responsabilidades, y dejar de lado esos espacios de prospección personal tan importantes. Si esto ocurriera, esos primeros pasos que diste quedarán en la nada y serán una oportunidad perdida.

Es por eso que, además de recomendarte al cien por cien implicarte en un voluntariado como parte de un proceso de desarrollo personal y de autoconocimiento (dando por supuesta la motivación solidaria y altruista que se le presupone a la participación en una experiencia de este tipo), te recomiendo que una vez tu estancia y tu colaboración finalicen, no dejes atrás esos avances en tu crecimiento personal. Continúa trabajando en esas cosillas que descubriste y que quieres mejorar y potencia esas otras de las que estás orgullosa. Para ello, te será muy útil poner en práctica algunos ejercicios de autoconocimiento en tu día a día una vez tu viaje solidario haya terminado.

Si tienes claro que estás preparada para ello, si hacer un voluntariado es uno de tus sueños pendientes y quieres vivir el poder del voluntariado como fuerza de autoconocimiento, en Pasaporte Solidario puedo ayudarte a encontrar el voluntariado que mejor se adapte a tus necesidades.

Llevo más de 3 años estrechamente vinculada al mundo del voluntariado y sé lo difícil que puede ser dar el paso y atreverse a vivir una experiencia de este tipo.

Yo también tuve dudas y miedos antes de lanzarme; también tuve preguntas que nadie sabía responderme; y precisamente porque he estado en el mismo punto que tú, es por lo que pongo a tu disposición toda mi experiencia y mis conocimientos para que tú también vivas un voluntariado que te transforme y que te cambie a ti a la vez que tú mejoras la vida de otros.

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2 comentarios
  1. Elena
    Elena Dice:

    Hola Marta y Nuria!

    Muchas gracias por este artículo y esta historia tan personal. Me parece precioso como cuentas tu proceso de cambio y la toma de contacto contigo misma y tus valores.

    Para mí también es revelador ver como cada día me CREO (ambos creer y crear) problemas que en realidad no tengo, y me parece muy útil un voluntariado para activar ese “darse cuenta” de lo que hay en el mundo y poner las cosas en orden en tu cabeza.

    Comparto totalmente tu visión de que es un agente de cambio personal, y al fin y al cabo, si cambiamos nosotras, cambiará el mundo, no?

    Un abrazo a las dos,
    Elena.

    Responder
    • Núria
      Núria Dice:

      Hola, Elena!
      Muchas gracias por tu comentario.
      Sí, al igual que vosotras, yo también considero que ampliar la mirada y observar a los que están más necesitados nos ayuda a reconocer que nuestros problemas no son tan complicados como creemos.
      Un abrazo!

      Responder

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